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Historias de la Historia de Salta

Hilario Ascasubi primer redactor de Salta

Por Andrés Mendieta


La noticia, reflejada a través de la prensa, representa no ya nuestro pan de cada día sino al aire que se respira y la comunión espiritual del hombre con el hombre. Este, el hombre, siempre estuvo ávido de ser informado y las primeras crónicas en el mundo, se encuentran en el Antiguo Testamento. Tenía un sentido histórico propiamente dicho. Los sucesos se hilvanan de siglo en siglo; saltan a veces sobre centenas de años pero documentan los acontecimientos de la tierra desde sus oscuros orígenes, a través de milenios.

Todo pasa como los ríos, como las nubes, como el humo, como el viento pero la historia de los pueblos, según la rotunda afirmación del poeta romano: “non ovnis moriar”, “no ha de morir del todo”.

La primera publicación

Cada setiembre, mes tan caro para los sentimientos de los salteños por los cultos en honor al Señor y la Virgen del Milagro, se conmemora un nuevo cumpleaños de la aparición de la primera publicación periodística que veía la luz en nuestra provincia: “La Revista Mensual de Salta”, bajo la dirección de José Ildefonso Álvarez de Arenales. Este acontecimiento se registró un día 30 del año 1824.

Durante el gobierno del Brigadier Juan Antonio Álvarez de Arenales –hermano de José Ildefonso- el presidente Bernardino Rivadavia, ante gestiones del Agente de Negocios de la Provincia de Salta, don Victorino Solá, dispuso que la vieja prensa de los Niños Expósitos fuera cedida a Salta. Por ella se debió pagar la suma de cuatrocientos cincuenta y siete pesos con cinco reales, de acuerdo a una tasación efectuada por Guillermo Cooke en su calidad de inspector del establecimiento tipográfico del Estado, fechado el 25 de abril de 1824.

La “Revista Mensual de Salta” –de acuerdo a datos obtenidos en “La Imprenta en Salta – Cien Años de Prensa (1824-1924)” de Miguel Solá- salió hasta el 5 de marzo de 1825.

Una vez obtenida la imprenta se necesitaba contar con un impresor. Para ello fue contratado Hilario Ascasubi, en 31 de agosto de 1824; quien alternó sus tareas con una importante labor literaria. La prensa de los Niños Expósitos, después “Imprenta de Salta”, sirvió al Estado hasta 1867; fecha en que sus tipos y elementos de la máquina fueron utilizados por el pueblo en su denodada defensa como proyectiles ante la invasión de Felipe Varela. Así el fervor popular destinó componentes de la primera impresora que tuvo Salta en una causa justa.

El primer impresor

Considero injusto en esta apretada síntesis de recordación de la primitiva publicación aparecida en esta provincia, no evocar la figura de Hilario Ascasubi, nacido en la localidad cordobesa de Fraile Muerto en 1807.

Con sentido aventurero a los doce años abordó un barco que se dirigía a la Guayana francesa fue hecho prisionero y trasladado a Lisboa, desde donde logró huir recorriendo posteriormente Francia, Inglaterra y Norte América, para regresar al país en 1822 .

El primer impresor y redactor que tuvo “La Revista Mensual de Salta” publicó en ella algunos versos tales como “Canto a la Victoria de Ayacucho” descubriéndose, además, como poeta gauchesco, siendo el precursor de José Hernández. También empuñó las armas cuando las tropas imperiales brasileñas invadieron el territorio argentino y participó en la batalla de Ituzaingó.

Aquí, ante la lectura extraída tanto en páginas que se difunden por Internet como en algunos libros surge que hay muchos que ignoran la realidad histórica haciendo sus inquisiciones detrás de un escritorio, utilizando la fantasía o rasgos novelescos. Por ejemplo, encuentro en uno de los artículos dice que Hilario Ascasubi, “apasionado por la tormentosa política de su tiempo, se enroló como soldado de Güemes”. Injustificable error. Martín Miguel de Güemes falleció el 17 de junio de 1821 mientras que Ascasubi vino a Salta tres años después, cuando ya había extinguido los motivos del accionar de la guerra gaucha.

Formó parte de efectivos militares bajo la conducción de José María Paz y Juan Galo Lavalle. Años después durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas fue un tenaz oponente hasta sufrir las penurias las penurias de una cárcel. Aquella frase de: Es preferible morir entre rejas que morir libre de rodillas” hizo carne en Ascasubi y desde su reclusión siguió combatiendo con la pluma. Era allí donde se enviaba a los infelices presos. Estando Ascasubi encarcelado se escapó arrojándose al río, siendo recogido por un barco inglés que lo trasladó hasta Montevideo donde instaló una panadería que, con el tiempo sirvió de centro de reunión de refugiados argentinos. De impulso combativo contra Rosas escribió con el pseudónimo de “Paulino Lucero” y después de Caseros, cuando retornó al país, enderezó sus ataques contra Justo José de Urquiza firmando “Aniceto Gallo”. Bartolomé Mitre lo comisionó a Francia donde vivió hasta 1865, año en que regresó a su patria hasta su muerte acaecida el 17 de noviembre de 1875.
Vicente López dijo de Ascasubi “Su pluma será eterna como la tierra y la naturaleza de nuestro país”.

La primera imprenta

En lo que respecta a la primera impresora que llegó a Salta se trata de la misma que fuera introducida por los jesuitas en 1761 para la Universidad de Córdoba. Esta serviría para “los muchos gastos y trabajos que tiene la casa de estudios, en los frecuentes papeles que tiene que imprimir, no habiendo imprenta alguna en las tres Provincias de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay”. Ocurrida la expulsión de los jesuitas en 1767 el progresista virrey Juan José Vértiz obtuvo del rector de la Universidad de Córdoba, fray Pedro José de Parras, su adquisición, para fundar en Buenos Aires la Imprenta de los Niños Expósitos, de tan justa celebridad en los anales de la cultura argentina.

Finalmente, cabe consignar que la primera imprenta que llegó a Salta entre los años 1867 y 1874 estuvo abandonada, época que fue puesta en funcionamiento para la publicación de papeles de gobierno, periódicos y otros escritos. En 1885 sirvió para editar el primer periódico defensor del obrero bajo la dirección de Agustín Arias Chavarría. Con posterioridad fue trasladada a Cafayate y en 1882 dio a luz “El Progreso” y nueve años después a “El Calchaquí”. Esta ciudad también sirvió para editar “La Unión Calchaquí” y “La Verdad”, que circularon en la primera década del siglo XX.

 

 

Biografía de Hilario de Ascasubi

Hilario Ascasubi, cuya vida errabunda tiene mucho de novela y de poema a la vez, nació en una carreta, estando su madre de viaje, el 14 de enero de 1807 en la localidad de Fraile Muerto, luego de Bell Ville, Provincia de Córdoba. Era hijo del comerciante español don Mariano Ascasubi y de doña Loreta de Elía, argentina.

Ingenioso y andariego desde la adolescencia, viaja infatigablemente a través de su patria, América y Europa. Ejerce los más diversos oficios. En 1824 y 1825 trabaja como impresor en Salta, siendo el gobernador el general Arenales. Participa en la guerra contra el Brasil y en nuestras contiendas civiles, a las órdenes de Lamadrid y Lavalle. Rosas lo manda poner preso durante largos meses. En 1832 se evade a Montevideo, desafiando cantidad de riesgos.

Permanece en la vecina orilla veinte años. Se descubre panadero y fabricando pan amasa una sólida fortuna, que le permite mostrarse generoso con tantos compatriotas en desgracia y contribuir a costear las expediciones de los generales unitarios. Ascasubi, que ya cultivaba en suela argentino las letras, afirma sus grandes cualidades de poeta gauchesco. En 1846 da a conocer su Paulino Lucero, muy bien recibido por la crítica. Al pronunciarse Urquiza contra Rosas, se incorpora al Ejército Grande, como ayudante de campo y luego edecán del general entrerriano, quien lo asciende a coronel despupes de la batalla de Caseros. Ascasubi no solo pelea en esa campaña espada en mano; empuña, también la pluma festiva y gauchesca para animar y entretener a los soldados; obtiene rotundo éxito.

Cuando Buenos Aires se separa de la Confederación, Ascasubi ataca en verso a Urquiza. Desde 1860 hasta su muerte vive alternativamente en Buenos Aires y Europa, principalmente en París, donde ejerce fabtásticas profesiones y entra en amistosa relación con celebridades de la literatura y política, sin perjuicio de alimentar una activa correspondencia con figuras de primer plano en el Plata. En 1846 lleva desde nuestras orillas a Francia un sauce llorón y, cumpliendo con el voto expresado por Musset, lo coloca en el cementerio donde reposan los restos del insigne poeta europeo.

En 1871 se ausenta de nuevo a París. Allí se dedica a preparar la edición de sus obras, terminando y completando para ello la más orgánica y valiosa de sus producciones, el Santos Vega, o Los Mellizos en Flor, publicado en 1851. Cronológicamente hablando, Ascasubi es el primero de nuestros grandes poetas gauchescos y su labor escrita abre luminoso camino al bellísimo Fausto, de Estanislao del Campo y al poema cúmbre en el género, el Martín Fierro, de José Hernández. Destaca sus poemas La Escuchetada y Isidora, la generala y mazorquera.

LAs obras completas de Ascasubi aparecen en 1872 coleccionadas por el autor en 3 volúmenes. Poco después retorna a la patria, falleciendo en la capital el 17 de noviembre de 1875.

 

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