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Anecdotario Histórico de Salta

"Chocolate" Saravia, disfrazado de leñatero posibilitó el triunfo de Belgrano en Salta

Por Andrés Mendieta

"Siguiendo nuestra marcha descubridora, por un campo sembrado de cadáveres y de armas, de baúles destrozados y de toda clase de restos de equipajes, incluso el coche del general Tristán..."

nicio esta nota transcribiendo parte de las " Memorias póstumas " del General José María Paz al relatar un episodio surgido cuando acompañado por el valeroso y sagaz salteño José Apolinario Saravia -conocido popularmente como "el Chocolate" Saravia "por el color cobrizo muy subido, de tinte amoratado", al decir por el prestigioso historiador Jacinto R. Yaben- recorrían el Campo de la Tablada aquel 24 de setiembre de 1812 después de la sangrienta batalla de Tucumán.

No se tiene fecha cierta del natalicio de José Apolinario Saravia pero sí, que fue a fines del siglo XVIII. Su padre Pedro Saravia para que recibiera mejor instrucción lo trasladó a Buenos Aires siendo condiscípulo de Bernardino Rivadavia.

Propio de la fogosidad impulsada por su juventud abandonó el colegio para abrazar las armas de la revolución, alistándose en las filas del Ejército Auxiliar que partió el 6 de julio de 1810 de Buenos Aires bajo el mando del Coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, ostentando el grado de subteniente del Regimiento 6 de Infantería.

No fue fácil el cometido de esta expedición en razón que Córdoba se había sublevado contra el gobierno surgido el 25 de Mayo siendo cabecilla de los sediciosos el valeroso defensor de Buenos Aires ante las invasiones inglesas y ex virrey Santiago de Liniers. Como es sabido Ortiz de Ocampo hizo omiso la disposición del Primer Gobierno Patrio siendo reemplazado ante presiones de Mariano Moreno, secretario de la Junta, poniendo a la cabeza del Ejército a Balcarce, Chiclana2

ROMANCE AL

CHOCOLATE SARAVIA

Como quien busca lanceros

en estas tierras hidalgas,

agrimensor de la Historia

me fui por tierras de Salta.

 

Llené mis cofres en los rumbos

con nombres como esmeraldas,

y me faltaron las manos

para contar las palabras.

 

Pero de pronto, en la senda,

como despierto fantasma,

un tambor batió redobles

en hontanares del alma.

 

Para qué seguir buscando

por estas tierras hidalgas,

si estaba saliendo al paso

los que mis ansias buscaban.

 

Greda con greda de cielo,

varón como los de cuanta,

en frente mío se alzaba

¡el Chocolate Saravia.

 

¡Qué sacudón tremendo,

qué signo de esperanza!

¡Qué ganas de alzar los brazos

en gesto de clarinada!

 

Se me nublaron los ojos,

se me frustró la palabra

¡con sólo saber el nombre

del Chocolate Saravia.!

 

Un escuadrón de recuerdos

gritó ¡presente! en mi alma

y el cielo vistió de orgullo

de sus colores de patria.

 

Dos nombres baraja el viento

por las tierras nobles de Salta:

los de Tristán y Belgrano

para quemarse en la hazaña.

 

Y allá por otro camino,

no el que miran las miradas,

alerta como los tigres

un hombre de los de cuanta.

 

Un hombre que lleva altivo

como quien lleva una lanza,

el orgullo del salteño,

la dignidad de la raza.

 

¡Ese nombre era tu nombre,

mi Chocolate Saravia!

En tus manos se amasaba

destino de la batalla,

 

La Gloria bajaba virgen

por sendas de tu quebrada

para decirle a Belgrano

la bienhadada palabra.

 

¡Manes de Chachapoyas

alertaban tu mirada,

hijo humilde de este pueblo

donde se agranda la patria!

 

Y todo fue como un cuento,

como una historia sagrada,

en un veinte de Febrero

para jamás olvidarla.

 

Palomas con tierno arrullo

del cielo de tus hazañas

en esta tarde de junio

te están quemando alabanzas.

 

Y yo que soy peregrino

de tierras que tú ignorabas,

por un argentino y por hombre,

tejiéndote un homenaje

pongo tu nombre en mi lágrima,

¡soldado sin uniforme,

mi Chocolate Saravia!

 

(Lobos Porto)