Expedición de Gobernador Gerónimo de Matorras

Por: Margarita Lotufo

La Provincia del Tucumán fue una de las primeras zonas de nuestro país a la que llegaron los españoles. Dependía del Virreynato del Perú y su conquista fue un duro reto para los europeos, ya que abarcaba un gran territorio que incluía las actuales provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja, Catamarca y Códoba. Su geografía incluye amplios valles, áridos desiertos, serranías, altas cumbres, selvas y montes ricos en aguadas y bañados por importantes ríos (...)

Hacia 1707 el Virrey del Perú dispone que la capital de la región se establezca en la ciudad de Salta, iniciándose un período de gran progreso para toda la región. Dentro de las ciudades que constituían la Gobernación del Tucumán, las más destacadas fueron Salta y Córdoba, aunque Santiago del Estero era la más antigua. Las rutas de comunicación eran muy rudimentarias no sólo por su deficitario demarcado sino debido a los aborígenes que en determinadas regiones, eran profundamente belicosos y costó mucho dominarlos. Atacaban constantemente a las poblaciones, lo que las sumía en una inseguridad permanente y exigía una constante acción de guerra a los pobladores. Esto, además de las pérdidas de vida, implicaba un terrible gasto para una región muy alejada de los grandes centros del poder colonial y de escasos recursos económicos, con excepción de Salta y Córdoba que, debido a las grandes manadas de mulares y caballares, dominaban el camino de acceso al país hasta Buenos Aires.

Hacia comienzos del siglo XVIII muchos de los naturales de esta zona habían sido sojuzgados, pero quedaban todas las tribus del Gran Chaco, también altamente agresivas, que atacaban constantemente e impedían abrir una ruta que comunicara al Tucumán con Asunción del Paraguay, ciudad madre de ciudades y gran centro económico y social de la época, considerada como una alternativa altamente beneficiosa para la región, cuya economía estaba ligada fundamentalmente con las grandes ciudades del Perú y del Alto Perú. Por otra parte, era indispensable la reducción de los naturales chaqueños a fin de poder evangelizarlos.

Hacia 1739 Salta y Jujuy tuvieron que afrontar el ataque de Tobas, Mataguayos y Mocovíes, los que fueron derrotados por Arias Rengel . Es por esto que, apenas llegado el primer Gobernador del Tucumán a Salta en 1710, se comenzaron a organizar expediciones al Chaco, las que se continuaron, con diversa fortuna, hasta 1774 año en el que se organizó la dirigida y financiada por el Gobernador Matorras que logra una precaria paz con los Mocovíes y otras etnias, y permite que se descomprima la situación con los aborígenes, trayendo aparejado cierta tranquilidad que redundó en un repunte del desarrollo de la región. Cabe aclarar que esta no fue la última ya que, posteriormente se realizaron otras.

¿UNA CRUZADA?

Presentada la problemática que desembocará en la expedición de Matorras, para poder acercarnos más hacia lo que queremos demostrar, se hace necesario en este momento determinar qué fundamentos legitimaron dicha empresa, con qué justificación entró en el Chaco y sojuzgó a los aborígenes. La de la seguridad de las ciudades es una, pero no la más importante, no es suficiente para avalar la dominación de otros hombres, ni siquiera en aquellos tiempos. Entonces, ¿desde qué tipo de ideas y creencias surge tal legitimación ?

En una serie de documentos de rendiciones de cuentas de la década de 1770, realizadas en el Tucumán para ser enviadas a las autoridades correspondientes, la expedición de Matorras es designada como una Cruzada. Así en las portadas de algunos de ellos, se pueden leer los siguientes encabezamientos : “Cuenta liquidada de Bulla dela Sta Cruzada de Domingo de Legarribar - año 1772. Ciudad de Salta (ilegible) este cuaderno trae publicaciones y (ilegible) cuentas de una respectiva (ilegible) en el tiempo de el Govierno de Don Gerónimo Matorras cuyas publicaciones son la de 1770, 1772, y 1774” (Carp. 5, Expte 3); en otra: “ Diligencias sobre la rendición de cuentas de las Bulas de la Sta. Cruzada, durante la administración de los gobernadores don Juan Manuel Campero y don Gerónimo Matorras (...) (Carp.4 Expte. 3). Lo que se desprende de una lectura más profunda de dichos documentos (que no fundamentan demasiado pues son todas cuentas referidas a los gastos y la rendición de los mismos), la bula de la Santa Cruzada no habría sido redactada especialmente para la expedición de Matorras, sino que, al parecer, todas las acciones de dominio sobre los aborígenes en esta segunda mitad del siglo, estaban avaladas por una Bula de Benedicto X dictada en 1750.

Llama la atención que en pleno siglo XVIII todavía se hable de cruzadas, cuando las europeas había finalizado varios siglos antes, y en dicho continente la Ilustración inauguraba un mundo laico, en el que el hombre, convertido en sujeto, se erigía en el regulador y dominador del universo. A fin de comprender este anacronismo, es necesario analizar desde qué concepciones realizó España la conquista. Para ello es preciso volver al siglo XV, y revisar ciertos matices del pensamiento medieval, como así también las características del Cristianismo.

Desde sus inicios la religión Cristiana propone un sentido de universalidad que propugna la desaparición de otras religiones, a fin de convertirse en la única, para lograr la salvación de todos los hombres y garantizar así la vida eterna. La mejor prueba de tal propósito fue la evangelización y conversión, primero de los romanos y luego de los bárbaros que desbaratan al imperio Romano de Occidente en la segunda mitad del siglo V. Ya en el siglo XI toda Europa estaba cristianizada, por lo que en los siglos siguientes la pasión misional se vuelca, no ya a la conversión sino a la destrucción de los infieles islámicos. Esto se llevó a cabo a través de tareas de sesgo militar que pretendían desalojar a los árabes del Cercano Oriente para rescatar el Santo Sepulcro por una parte, y de la reconquista de la península Ibérica por la otra. Tal es la misión de las cruzadas, las que desde su origen son empresas mixtas en las que no sólo se busca la expansión militar del cristianismo, sino también la apertura de rutas comerciales y la instalación de reinos cristianos en tierras paganas. Así lo religioso, lo político, lo militar y lo económico fueron los fundamentos de estas gestas.

Cuando en el siglo XV, primero los portugueses en las costas de África y luego, a partir de 1492 los españoles en América, comenzaron a descubrir territorios que por cierto estaban poblados y, como en el caso de Mesoamérica y los Andes Incaicos, a veces muy densamente, ambos reinos recurren al Papa a fin de ser autorizados para llevar a cabo el accionar de conquista. Esto en virtud del concepto medieval de la hierocracia que preconizaba el poder total del Papa en todos los aspectos tanto, espirituales como materiales. Éste cedía el poder temporal a los príncipes, los que estarán siempre bajo su égida, y ejercía el poder espiritual. En función de lo expresado, el poder civil necesitaba de la autorización papal para realizar cualquier tipo de expansión, pues primero debía instalar la soberanía del cristianismo para dar paso al establecimiento de la Iglesia y a la conversión de los infieles, ya que era impensable que un rey cristiano tuviera súbditos paganos. También necesitaba el permiso vaticano para navegar y descubrir en nombre de Dios y para comerciar o guerrear con los infieles. El ejercicio de estas tareas sólo era posible si las ponía en práctica un ejército que estuviera bajo la bendición divina y detentara la anuencia papal, para lo cual tal cuerpo debía ser un ejército cruzado que era el único que tenía estos privilegios. Además, un soldado de cruzada podía acceder a la gracia divina si moría en batalla, puesto que antes de comenzar la misma, recibía la bendición y absolución de los pecados cometidos y a cometer en el enfrentamiento bélico, prerrogativa que no tendría si formara parte de otro tipo de ejército. Podía también administrar sacramentos en casos especiales. Es por esto que desde el principio las bulas papales autorizaron a España a la conquista de América, tomada ésta como una cruzada.

Esta fuerte intervención de lo religioso va a establecer la legitimidad de todos los descubrimientos, de la conquista y de la colonización, como lo expresa Peire “Cualquier explicación de los fenómenos naturales reivindicaba una explicación en el sobrenatural correspondiente. Esto explica por qué los contemporáneos aludían a la dominación sin ninguna inhibición, ni tampoco la carga ideológica que hoy tiene. Porque la dominación para ellos era una participación en la dominación de Dios-Padre-Creador (...) por consecuencia ejercía el dominio sobre lo que había creado de la nada” (Peire,200: 206)

Así llegamos a la expedición de Matorras doscientos ochenta y dos años después y encontramos el mismo espíritu en su campaña. Prueba de ello es lo que se registra en el diario del Gobernador, que manifiesta que el día en que comenzara la expedición el canónigo dio a los hombres “( ...) la absolución general, que se acostumbra en las entradas de estos fértiles países” También en la descripción del primer encuentro con Paykín asevera : “Hizo presente el señor gobernador que el rey de España, su amo, lo mandaba a visitarlo; expresándole su grandeza y lo que podría importarle su real amparo, y lo propio a todas las naciones del Gran Chaco Gualamba y que, instruyéndose en los misterios de nuestra santa fe católica, lograría todas felicidades y sería perpetuo cacique de todas las parcialidades que lo seguían”. Al día siguiente, el propio gobernador comenzó con la enseñanza de los preceptos y mandamientos de la Iglesia a los aborígenes. Por lo tanto el acontecimiento que se observa en la parte inferior del cuadro tiene un fuerte carácter religioso, a la vez que económico, militar y político.

Extraído del trabajo de la Lic. Margatita Lotufo: Por La Gracia De Dios, una Mirada sobre La Obra Pictórica “El Encuentro Del Gobernador Matorras con El Cacique aykin”