CAPÍTULO 3
Joaquín Castellanos, frustrado intento de modernización

"Las elecciones en que me ha correspondido
el insigne honor de ser exponente de la mayoría,
son las primeras elecciones libres de Salta"
Joaquín Castellanos

El poeta Joaquín Castellanos

El hombre

  El rengo genial nació en Salta el 21 de abril de 1861, custodiado por retratos de adustos antepasados y arrullado por linajudos padres, Eloisa Burela y Silvio Castellanos Plazuela. Sus blasones no pudieron evitarle una vida signada por la tragedia. Muy niño quedó huérfano y dos tías se hicieron cargo de él. Con tan solo siete años de edad, comenzó una existencia de traslados, desarraigos, bruscas mutaciones y la amarga atracción itinerante.

Apenas graduado bachiller lo encontramos en los lugares más insospechados: profesor en el Colegio Nacional de Jujuy (expulsado por actividades políticas), a poco andar maestro de escuela en Catamarca y finalmente regresó a Buenos Aires y se enroló como soldado raso en las huestes de Tejedor. Esta aventura guerrera y un acto temerario de arrojo lo condenaron, a los l9 años, a llevar muletas por el resto de su vida. Temperamental, inestable, encuentra algo de sosiego en preparar y publicar su frondosa producción literaria. En las provincias norteñas su nombre sobrevivía en la memoria popular por las estrofas de su poema El borracho, recitado con fruición por abuelas memoriosas.

 En 1890 abrazó, con fervor cívico, la lucha contra Juarez Celman. Se convirtió en folletinero, panfletista y periodista de las tendencias subversivas. En ese año el apasionado poeta hizo vibrar  multitudes con sus famosas arengas en el Teatro Onrrubia y el  Frontón Florida, verdaderas clarinadas llamando a la insurrección armada. Trabajó en la Junta Revolucionaria al lado de Alem, Mitre y del Valle.  A pesar de su renguera combatió durante tres días en el cuerpo de artilleros. El retorno a la paz no calmó su exitación ante los vanos esfuerzos de la flamante Unión Cívica por tratar de colocar al país en equilibrio. La secesión dividió a los compañeros de lucha y Castellanos propuso para la Agrupación segregada el nombre de Unión Cívica Radical.

Llegó para el poeta el paréntesis del amor. Dejó atrás las lides heróicas y pidió en matrimonio a la joven Elvira Uriburu Uriburu Alvarez de Arenales. La madre de la niña sugirió al candidato la conveniencia de unir a su apellido un diploma univesrsitario. Joaquín Castellanos, con el mismo ardor puesto en los combates, se entregó al estudio y, caso único en los anales de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, se graduó, con el título de abogado en solo once meses de estudio.

Su innegable capacidad y un matrimonio ventajoso lo encumbraron en altos cargos políticos. Fue Ministro de Gobierno de Bernardo de Irigoyen, entre 1900 y 1904 ocupó una banca en la Legislatura Nacional por la Provincia de Buenos Aires y en 1908 retornó a Salta para reorganizar el Partido Radical. Pero su temperamento impulsivo, su eterna insatisfacción, lo llevaron a abandonarlo todo para radicarse con su familia en Suiza. En varias oportunidades regresó solo al país y visitó su provincia natal. En uno de estos regresos el estallido de la Gran Guerra le impidió volver a la convusionada Europa.

Esto implicó para el poeta el retorno a la lucha política. Fue electo diputado nacional por la Capital Federal entre los años 1914-1918. Al fin de su mandato los radicales de Salta lo proclamaron candidato a Gobernador de la Provincia.

 

El político

Castellanos desde muy joven se radicó en Buenos Aires, ciudad quimérica y atractiva que sedujo al poeta.  A pesar de ello, el Partido Radical salteño tenía buenas razones para proclamarlo candidato a la primera magistratura en su provincia natal. En realidad los partidos políticos en el país y por ende en la provincia se organizaban en torno a una figura relevante.

Durante la campaña electoral de 1918 el enfrentamiento entre conservadores y radicales fue durísimo y, por primera vez, los conservadores no pudieron apelar al fraude.

La Dra. Sara Adela, de 95 años -primera mujer dentista de Salta- recuerda con placer que, siendo niña, fue testigo de la campaña electoral de Castellanos.

Pregunta: ¿Qué recuerda de la política salteña cuando usted era adolescente?

Sara Adela: Me acuerdo de Hipólito Yrigoyen. Yo era chiquilina y mis padres eran muy radicales. El único hermano de mi padre que era muy conservador, enemigo político, era Augusto Caro que trabajaba con Patrón Costas en Chicoana. Mi papá era radical incorruptible. Era muy militante. Me acuerdo que mi papá le hacía campaña a Yrigoyen. Yo lo conocí a Joaquín Castellanos en estas circunstancias. Yo tenía un tío político que era terrateniente del Departamento que se llamaba Puerta de Días en Coronel Moldes y era radical también, íntimo de Joaquín Castellanos. Enemigo acérrimo de los conservadores. Porque los dueños de la otra finca, de Osma, los Villas, eran conservadores.

Entonces en la campaña de Joaquín Castellanos ¡Un hombre imponente!... me recuerdo, nosotros éramos chicas y con una hermana mía andábamos metidas en todo. ¡Queríamos ver!... Mi tío tenía una gran casa en Moldes con peones, muchas vacas, corderos. Entonces invitan a todo el pueblo a un homenaje a Joaquín Castellanos. Ahí estaban las mesas servidas. Había de todo y me lo acuerdo patente a Castellanos con ese hermoso pelo que tenía, esa mirada de águila, parado en la punta de una de las mesas dirigiendo la palabra a los peones de Coronel Moldes, pero ¡con una elocuencia!... Mi tío había contratado unos músicos. Entre los músicos había uno que tocaba el arpa  (ríe) y cantaba "Pobre mi madre querida". Los músicos iban con arpa, con guitarra, era una orquesta con todo, ¡porque era una campaña con todo!... A gastar dinero a ‘troche y moche’.

Pregunta: Salían caras las campañas contra los conservadores...

Sara Adela: Sí... pero ¿qué bien, no? Y después a mí me encantaba leer a Castellanos. Era realmente un personaje ¿y que pasó?... lo intervinieron.

Pregunta: Las campañas, en esa época, ¿se hacían sólo con discursos elocuentes?

Sara Adela: No. Por ejemplo ese tío mío que le cuento que tenía finca en Chicoana. Una noche me acuerdo que se presenta envuelto en un poncho porque lo habían herido. Es que era terrible, le tiraron tiros y balazos, porque así se hacían las campañas. Yo me acuerdo de haber visto en Coronel Moldes, en una de las campañas políticas, un candidato con el revólver puesto así, en la mesa de votación. Ahí a punta de pistola lo hacían votar y con esos contrincantes que le cuento, de Osma, tiros y tiros. A mi tío lo tenían marcado para hacerlo eliminar porque era muy prestigioso. Entonces, parece que habían preparado algo con otros conservadores como ellos para esperarlo y hacerle un atentado, matarlo. Bueno... enseguida mi tío se enteró del asunto. El tren llegaba, se paraba en un lugar, poco antes de la estación para tomar agua, porque era de vapor. Entonces ahí lo esperaban para liquidarlo. Compañeros de él, correligionarios, lo fueron a esperar para avisarle que estaban estos tipos preparando el atentado. Entonces le pusieron un coche con cuatro caballos y mi tío se largó del tren al coche y se fue por otro camino. Mi tío conservador era el de Chicoana, el de Patrón Costas, tenía balazos por defenderlo. Así era... ¡a punta de tiros! [...] Hay un tango que es la expresión de lo que era una campaña política. No... ¡era espantoso! [...]2

Luego del triunfo electoral Castellanos asumió el gobierno y prestó el juramento de práctica ante la Legislatura el 7 de enero de 1919. El rengo genial era un soñador dispuesto a reformar, modernizar, modelar y refinar la acción política en Salta. Se adelantó a su tiempo e intentó cambiar la realidad social, económica y jurídica de la provincia.

El novel gobernante consideró que su triunfo no sólo legitimaba su poder, sino que ese poder lo convertía en instrumento para encarar profundos cambios. Asumió a "raja tabla" la aplicación del "sistema democrático", impuso leyes y reformas espinosas inspiradas en su caótica formación teórica y en su ambivalencia entre el pensamiento creativo y el amargo quehacer político.

Como radical adhirió al liberalismo, jamás ocultó sus simpatías por el socialismo y, en 1921, escribió el famoso Credo Nacionalista,3 ridiculizado en su época por la prensa opositora.

En 1919 Castellanos expuso claramente el Plan de Gobierno, en su primer mensaje a la Legislatura. El plan incluía una serie de medidas -reformas desde arriba- para todo el ámbito provincial. Estaba resuelto a proceder con rapidez y decisión.

Apasionado, exultante, no midió el alto precio a pagar por semejante intrusión. Su accionar movilizó a individuos de diferentes signos, cuyos intereses parecían peligrar y de inmediato cerraron filas en defensa del statu quo.

Así una oposición expectante se convirtió en oposición activa dando comienzo al ataque por todos los flancos. Los argumentos de unos y de otros contienen parte de verdad pero se caracterizaron por un ir y venir de acusaciones interminables y pérfidas.

Sin mucho detalle, señalaremos las cuestiones que sirvieron de pretexto a los opositores del gobernador-poeta para iniciar el enfrentamiento: a) nombramiento en altos cargos de individuos ajenos a la provincia; b) el programa de gobierno, hecho público en el primer mensaje a la Legislatura; c) las insólitas y prolongadas licencias de Castellanos apenas asumido el cargo; d) flagelo de la peste bubónica que provocó pánico e impotencia entre la población.

El gobernador respondió no sólo con discursos elocuentes. Regresó a Salta para enfrentarse con todos y contra todos. Acusó a los legisladores de ser responsables de una huelga que paralizó las Cámaras durante todo 1920. Frente a la desobediencia legislativa Castellanos solicitó al Gobierno Central la intervención del Poder Legislativo y ante la falta de respuesta, con actitud temeraria y desafiante, disolvió la Legislatura y convocó a elecciones de senadores y diputados para conformar nuevas cámaras el 29 de enero de 1921.

Veamos a "vuelo de pájaro" como repercutieron estas cuestiones para desembocar, finalmente, en una nueva intervención federal.

La oposición aprovechó medidas -mejores o peores- para echar leña al fuego. Los ataques al gobernador comenzaron por su "cohorte de vampiros importados" a quienes se acusaba:

"Nuestra actitud definida y clara [...] está siendo objeto de las atrevidas murmuraciones de los forasteros que se ha traído Castellanos de otra parte, para que hagan lo que nosotros no hubiéramos hecho: insultar a la sociedad que los tolera [...]"4

Arreciaron por las injustificables y prolongadas licencias del Gobernador. Se le acusaba de hacer abandono del cargo en medio de graves dificultades. Veamos las expresiones periodísticas de la oposición:

[...] "El amable ocio metropolitano triunfa sobre las sugestiones de su conciencia cívica y mientras tanto la provincia administrativa a su mando sufre los retardos y las omisiones de un largo interinato. [...] A este paso Salta quedará sin gobernador pues hace varios meses que el señor Castellanos prolonga su ausencia [...] Salta y su legislatura esperan para iniciar la tarea gubernativa que desgraciadamente no se presenta auspiciada por voluntad de trabajo del mandatario ausente y remolón"5 Otra lo acusa de "[...] bohemio de nacimiento y gobernador por accidente, no ha demostrado aún su afición por el gobierno [...]6

El tono irónico de las acusaciones seguía "in crescendo" y el diario informaba, en sucesivas notas:

"La Labor de la Ausencia [...] no se trata de otro libro del Dr. Castellanos, es la continuación de ese otro volumen "Labor Dispersa": El Dr. debe levantar los cargos que se le han hecho por su abandono del gobierno [...] ya justificado en la noche de su feliz arribo a Salta cuando con cierta amargura de patricio romano se quejó de que se lo censuraba porque se había tomado dos meses para estar al lado de su familia y otros dos para descansar de la campaña electoral”.7

Ahora bien, toda reforma para tener éxito, por aquellos años y en un medio como el de Salta, habría requerido ampliar el espectro político, movilizar al pueblo en apoyo de las medidas que lo favorecían y estrechar filas en torno a la persona y acción del gobernante. Además de lograr el apoyo de los grupos populares, el gobernador tendría que haber negociado con partidarios y opositores.

Nada de esto hizo y el gobierno comenzó y continuó debatiéndose en total soledad. Parecía lejano el día en que Castellanos anunciara:

"[...] las elecciones en que me ha correspondido el honor de ser exponente de la mayoría, son las primeras elecciones libres de Salta".8

En su plan de gobierno anunció la necesidad urgente de estudiar los problemas sociales de la provincia, en especial las condiciones de trabajo, la carestía de la vida, la falta de equidad en los salarios, en fin, una serie de espinosos problemas y, a poco de asumir el mando, ya dejó oír su queja sobre la falta de apoyo de la Legislatura:

"[....] considero de mi deber anticipar también, que la falta de apoyo de las H. Cámaras no será óbice para que el P. E. lleve adelante, por cualquier medio, su propósito de dotar a Salta de disposiciones protectoras del trabajo y de favorecer, en cuanto sea posible, las condiciones de vida de las clases populares [...] puede anunciar que se ocupa del estudio y financiación de un plan de construcción de casas para obreros [...]9

Nos preguntamos ¿Era posible semejante viraje?, ¿Cómo podía transformarse una sociedad tradicional en sociedad moderna? Tamaños cambios ¿eran viables en este contexto económico y social y sólo mediante leyes?

En el contexto de la época, era casi imposible concretar las reformas propuestas. Existían en el medio asociaciones laicas y confesionales de ayuda mutua, pero faltaban gremios organizados y fuertes. Los trabajadores urbanos y campesinos carecían de conciencia política y los débiles sectores medios dependían de los favores de la elite. Sólo algunos ricos comerciantes y terratenientes de origen inmigrante fueron económicamente e ideológicamente independientes de los sectores de poder. En tales condiciones la confrontación era inevitable y los resultados predecibles.

Antes de los anuncios reformistas un correligionario conocedor de sus ideas, le advirtió:

"Doctor Castellanos, yo quiero veros tan limpio y puro y me haría desgraciado que pudiese renegar y claudicar del ideal de toda su vida encubriendo con sus vestiduras de mandato los excesos del populacho intolerante y la brutalidad de caudillejos vengativos. Yo quiero que ocupe el solio del gobierno pero sin estimular la insolencia del gauchaje y tender un celaje de sangre y desolación sobre la provincia que acaba de confiarle la dirección suprema de sus destinos".10

¿Advertencia o amenaza velada? Ya lo veremos. De todas formas, el gobernador, a poco de asumir el mando, se atrajo la enemistad de partidarios y opositores. Las reformas implementadas descolocaron a todos y sirvieron para alinear a los unos y a los otros en la resistencia al plan de gobierno. El poeta, por su parte, se sumergió, tozudamente, en una peligrosa soledad política. La salida hubiera sido, tal vez, convocar a las masas beneficiarias en apoyo a las leyes y proyectos reformistas teóricos. Paso inconcebible para Castellanos por cuestiones de clase, por sus propias contradicciones y la imposibilidad práctica de tal convocatoria. En sus escritos siempre hizo referencia a:

"La necesidad de canalizar por medio de la legislación estas nuevas corrientes sociales que siendo inevitables es inútil y además peligroso suprimirlas por la fuerza [...]"11

Cuando expuso su plan de "reformas desde arriba" -sin la menor intención de consulta al aparato partidario- resultaron audaces para el lugar y la época pero también ingenuas y utópicas. Las contradicciones ideológicas se pusieron de manifiesto en el mensaje dirigido por el gobernante a la Cámara Legislativa. En el declaraba abiertamente:

"[...] a las masas hay que dirigirlas abriéndoles cauce sin esperar que ellas mismas lo formen, después de inundaciones y desbordamientos como los ocurridos en viejas sociedades donde el movimiento emancipador va más allá de todos los extremos legítimos, pues sin establecer la igualdad, subvierten el orden social, cambiando simplemente la situación de las clases: las clases oprimidas se convierten en opresoras y las que fueron opresoras en oprimidas".12

La población permaneció en la inercia. No mostró el menor atisbo de interés frente a la despareja lucha del gobernador. Los grupos dominantes miraron sus intentos reformistas como la intrusión de un mundo institucional y legal nuevo en una provincia en la que, desde siempre, habían ejercido el poder. Castellanos inició su gobierno en una atmósfera cargada de negros presagios para todo el país: huelga de los frigoríficos porteños con el sangriento epílogo de la Semana Trágica, levantamiento en la Patagonia, con sus secuelas de represión y muerte. A pesar de semejante situación y del rechazo abierto a su plan de gobierno, el mandatario, muy suelto de cuerpo, declaraba:

"[...] Güemes fue en su época, un precursor instintivo del socialismo pues era el amigo y protector de las clases desheredadas" [...] "Güemes el glorioso capitán de los gauchos legendarios fue en estas regiones abandonadas del mundo un precursor del socialismo humano".13

En otro párrafo hacía referencia a:

"[...] El estado político y social creado por Güemes en Salta, de equilibrio entre la clase capitalista y el asalariado".14

Tales desbordes verbales debieron sonar, en los oídos de conservadores y radicales, como provocación abierta y peligrosa.

Hacemos un corto paréntesis para anotar que la devoción por Güemes llevó a Castellanos a acuñar los novedosos conceptos de: caudillo civilizado y de caudillo inculto.

Define al primero como:

"[...] un suscitador de fuerzas morales entre la masa popular; conduce hombres porque guía espíritus"15

"[...] prototipo del caudillo en el concepto de su ascendente legítimo sobre las masas, creado por la íntima compenetración con ellas en sus hábitos, en sus necesidades de vida y en sus anhelos espirituales".16

Al concepto de caudillo civilizado contrapone el de caudillo inculto que sólo busca atraerse demagógicamente a las masas:

"[...] para conquistar su adhesión como hacen los vulgares corifeos de multitudes".17

Para Castellanos el caudillo inculto no jugó papel preponderante en nuestra provincia:

"[...] en Salta no ha existido el caudillaje de contextura inferior [...], que en la mayoría de los estados argentinos reemplazó a la democracia por la gauchocracia".18

Finalmente hace referencia al caudillo "barbarucho"19:

[...] Este calificativo puede aplicarse a todos los que careciendo de las eficacias del civilizado y del salvaje, cometen actos de barbarie sin valor y sin grandeza".20

Lo arriba expuesto refleja una sociedad tradicional, cerrada, paternalista, donde los poderes institucionales no toman decisiones y responden a intereses sectoriales. Ya vimos que la actividad política era escasa, las instituciones poco flexibles e ineficaces y el sector dominante bastante homogéneo. Todas estas cuestiones jugaron como barreras infranqueables pues las reformas no surgen por generación espontánea. Se requiere nivel político, adaptación generacional, experiencia de organización y de lucha y, sobre esos moldes, encauzar los proyectos innovadores.

A pesar de todo, Castellanos, con sempiterno optimismo, lanzó el paquete que llamamos Leyes Libertarias:

a)       Sobre usos y distribución de las aguas públicas de la provincia. Esta ley pretendía terminar con el monopolio del agua para riego por parte de los terratenientes:

"Más que la falta de agua lo que ha desalentado a la mayor parte de los pequeños agricultores ha sido indudablemente, las arbitrariedades de los funcionarios encargados de su manejo, tanto más odiosas y repugnantes cuando generalmente eran inspiradas por el interés político".21

Castellanos vislumbraba una Argentina sin clases ni lucha de clases. Según él:.

"[...] Ni por la tradición, ni por los hechos, ni por las leyes existen clases privilegiadas; no hay más desigualdades que las naturales y las determinadas por diferencia de cultura".22

    La llamada cuestión social fue otro de los puntos centrales de su política. Para concretarla propuso la creación del Departamento Provincial del Trabajo, cuya función sería mediar entre proletarios y capitalistas. Significó un intento de modernización institucional inédita en la Salta de aquellos años.

b)       La Ley Güemes una de las más complejas y cuestionadas leyes castellanistas, consta de seis capítulos: contrato de trabajadores mediante convenio escrito que garantizara tanto el derecho del obrero como el del patrón. El convenio sería firmado por ambas partes. Si el obrero no sabía firmar debía autorizarlo el comisario del pueblo. También determinó la forma de pago de los jornales, la obligación de proporcionar al obrero vivienda y alimentación higiénicas y:

"[...] prohibe la inconcebible y bárbara costumbre de subarrendar peones a terceros".23

El conchabo de peones debía hacerse mediante libreta provista por el Departamento Provincial de Trabajo. Establecía condiciones de trabajo y forma de liquidación de jornales. Se prohibió a los patrones la entrega de:

"[...] billetes, vales, bonos, fichas o cualquier forma de moneda de su emisión que importe el pago, aplazamiento o retención de los salarios".24

En el capítulo referente a los arriendos establecía también contrato escrito entre el propietario de la tierra y el obrero rural, plazos y condiciones de desalojo, prohibición terminante de exigir servicios gratuitos, comunes en las zonas rurales de la provincia. También establecía:

"[...] libertad de tránsito y comercio desconocidos por ciertos señores feudatarios".25

Fijaba la jornada legal de trabajo en ocho horas para los trabajadores urbanos y nueve para los rurales. Legislaba minuciosamente sobre las indemnizaciones por accidentes de trabajo. Pasamos por alto las cuestiones relacionadas a salarios y seguro de trabajo para dedicar unas líneas a la legislación sobre la mano de obra de mujeres y niños. Para las primeras fue una legislación avanzada pues preveía la licencia por maternidad. Estableció la obligación del patrón de reservar el puesto de trabajo, habilitación de guarderías donde las madres pudieran amamantar a sus hijos. Respecto a los niños queda prohibido el trabajo de menores de 12 años y de mujeres y menores de 16 años en empleos nocturnos.

c)       Creación de la Escuela de Manualidades. En la nota preliminar de esta ley, Castellanos sostenía ideas opuestas a las tradicionales en cuanto al rol social de la mujer perteneciente a los sectores populares.

"La mujer salteña del pueblo carece por completo de perspectivas que la emancipen del vasallaje a que está sujeta en lo moral y lo doméstico, en cuanto por no bastarse a sí misma para la subsistencia, se la considera como una carga para el hombre [...] hay pues necesidad de redimirla... allegándole medios lícitos y adecuados para el empleo de sus predisposiciones al trabajo”.26

Si bien Castellanos deseaba mejorar la situación de la mujer, demostró en sus escritos un profundo desconocimiento del complejo rol que desempeñaban las mujeres de los sectores populares en el mundo social y del trabajo. Conocemos por testimonios escritos y orales del trabajo abrumador, sobrehumano e incansable realizado por las mujeres del sector aludido.

Buen número de los llamados jefes del hogar, tuvieran o no salario estable, gastaban en vicios buena parte del dinero y sometían a mujeres y niños a la violencia doméstica. Otros vivían de changas ocasionales. Los hombres carecían de aptitudes para el trabajo. Tenían hábitos erráticos y falta de disciplina laboral. Entre ellos la vagancia era crónica y muchos abandonaban, por largas temporadas al grupo familiar o simplemente no volvían más. Formaban otros hogares cuyos integrantes corrían la misma suerte de los primeros. Costumbre tan generalizada se parece más bien a una "poligamia" disfrazada. La mujer, esa que "no se bastaba a sí misma", debía hacer frente a las necesidades del "hogar ampliado" y alimentar a una caterva de hijos y en muchos casos a los "abuelos". Era y es frecuente que las mujeres abandonadas volvieran a "juntarse". . Al ser interrogadas sobre su numerosa prole responden con naturalidad:

"Estos dositos son del Juan M; estitos de aquí del Anselmo P; los de más allacito del Herminio F. y los más chiquititos son de m'hija más grande".27

Así fueron y son buena parte de las familias de los sectores populares. Estaban encabezados por mujeres, la mayoría de los niños no conocerían al padre biológico. Todo esto nos lleva a sostener que en el mundo de la pobreza existían valores propios donde la madre era quien preservaba el núcleo hogareño. El carácter opresivo existente en el orden social, estas mujeres abandonadas lo volcaban en los niños. Sujetos a temprana explotación laboral, se convertían en vendedores de panes, lustrines, canillitas o simplemente pedían limosna.

El testimonio de doña Lucrecia, vecina de El Bordo de 67 años, al recordar su infancia, ejemplifica lo dicho:

Pregunta: ¿Cómo fue su infancia en El Bordo?

Lucrecia: Mi abuela fue muchacha de los ricachones de El Bordo, toda su vida. Mi mamá también fue sirvienta y también era lavandera, cosía, hacía bollos, empanadillas, rosquetes que íbamos a vender nosotros, aloja de maíz, de algarroba, todo vendíamos, una vida muy sufrida hemos llevado. Lo que era la necesidad antes ¿no? [...] Hasta juntábamos caracoles de las acequias. Se comían, eso le vendíamos a los turcos. Eramos dos mujeres y siete varones. ¡Qué bárbaro! Yo a veces me pongo a pensar cómo hemos trabajado con mis hermanos cuando hemos sido chicos y ahora nadie quiere trabajar. Mi padrastro trabajaba en Minetti. No conocí papá yo, los dos mayores éramos entenados de ese viejo sabandija.28

Era también frecuente entre los grupos populares criar niños desamparados por muerte o abandono. Hijos de parientes, compadres o vecinos y, por sí esto fuera poco, algunos "compañeros" llevaban con ellos hijos de anteriores uniones. A todos estos niños se los nominaba "entenaditos" La preocupación adicional de la Iglesia y del Estado era difundir entre los grupos populares la responsabilidad en la crianza y procurar la descendencia legítima.

Cientos de mujeres y niños vivían en la más absoluta pobreza por la carencia de leyes sociales y en la ciudad sólo tenían el auxilio de las sociedades benéficas, como veremos más adelante.

Doña Ceferina, de 89 años, nacida en Campo Quijano, dirigente peronista y primera diputada nacional por Salta (1952-1955) relata sus inacabables jornadas de trabajo:

Pregunta: ¿Cómo lograban sobrevivir las familias campesinas?

Ceferina: Las cosas qué pasábamos! Eramos muchos hermanos, no había trabajo. Mi mamá hacía pan, lavaba ropa pero nunca nos hizo faltar comida. Siempre tenía sus recursos... Aquí gobernaban los conservadores, los terratenientes. Uno no tenía ni un pedacito de tierra, ¡dónde iba a vivir!... Tenía que andar por las fincas con sus hijos trabajando por ahí. No había trabajo, era por el año 1930. Así mi madre trabajaba desgranando maíz para ganar algo. Yo era chica y mi mamá me dejaba para cocinar y cuidar a mis hermanos. Yo quedaba en un rancho, en medio del monte.

Pregunta: ¿Era común el problema de las mujeres golpeadas?

Ceferina: Sí. Mi mamá ¡cómo ha sufrido con mi papá, y eso que era un obrero! Ahora la mujer a veces lo tiene que ir ramiando al marido al banco para cualquier cosa. ¡Antes no! Éramos unas pobrecitas. Yo le tenía rabia a mi papá al ver que era tan tirano con mi mamá. Mi mamá era una santa. Cuando mis hermanos ya han sido más grandes, mi papá la maltrataba, entonces ellos querían que se separe, pero mi mamá dijo no, hijitos, yo no me voy a separar de él, Dios me ha unido a este hombre, Dios sabrá porqué sufro lo que sufro. El me va a separar. Cuando estaba Evita, yo tenía mi Unidad Básica y a las mujeres había que enseñarles. Teníamos que hacer reuniones y enseñarles a las mujeres que se defiendan. Les decíamos pues que ya teníamos la ciudadanía y ya nos íbamos a liberar de los hombres, que los hombres eran machistas, y yo las defendía, tenía mi Unidad Básica y las defendía a muerte a las mujeres [...] Esas eran las órdenes de Evita. Si en los discursos lo decía, que las mujeres cómo han vivido, que los hombres las han tenido atadas a la pata del catre. Yo peleaba con el comisario. Lo hice mandar a los quintos infiernos al comisario de Quijano.

Pregunta: ¿Por qué lo hizo sacar?

Ceferina: Porque los hombres les pegaban a las mujeres. Antes eso era común. Venían las mujeres a denunciar y el comisario lo llamaba al marido y le decía que lleve a su mujer y que le dé otra paliza para que no vaya a molestarlo [...] No, al comisario lo hice mandar al quinto infierno. Ese comisario, a su mujer una vez le tiró la olla de comida que estaba por darle de comer a los hijos, tres varones, tenía, la mujer del comisario. No me acuerdo como se llamaría ella, que sería de su vida. Pobrecita ella, me iba a poner las quejas a mí.29

Don Benito, clase 1920, comisario de campaña, diputado provincial y conocido dirigente de la resistencia peronista, relata dos historias de malos tratos.

Benito: [...] Cuando muere mi papá, mi mamá, la pobre, lloraba y lloraba [...] Yo decía con llorar no hacemos nada... vámonos a Moldes [...]. Nos fuimos a Moldes. Yo era chico y trabajaba a la par de mi abuelo [...] Pero mi vieja se mete con un hijo de puta, un alcagüete, el "Mataco" Villa. Y un día en lo que estaba trabajando la oigo gritar a mi mamá. Me fui corriendo y la estaba pegando. Me quedó la sangre en el ojo y dije ¡Hijo de puta! Me dice mi mamita al tiempo, Pila, así me decía ella, acompañame a misa al pueblo. Y justo pasamos por donde vivía él y venía borracho... cuando la vio se vino a agarrármela, a pegarle y ya la agarró de las mechas. Y yo tenía un cuchillito y se lo metí en la pierna y, como era rengo, se cayó del caballo a la acequia. Entonces yo agarré una piedra y le metí una pedrada.

El otro caso fue cuando ocupaba el puesto de comisario en Caraparí.

Benito: [...] Un día le estaban pegando a una mujer, me avisa otra señora, dice, en el campamento pasa ésto. Entonces le digo al cabo: vaya con un agente, vea, verifique bien que hay y tenga mucho cuidado. Porque había de todo, pues, ahí. Volvió el agente y me informa: muy malo el hombre, le ha pegao a la mujer, le ha patiao la cabeza. Le digo ¡cómo no la ha traído! Y me contesta: ¡muy malo, nos ha querio pegar a nosotros! Me voy yo. Estaba el tipo renegando ahí. Yo le digo, ya que usté no ha querido ir preso por lo menos me la voy a llevar a la mujer a que la curen. ¡Ah, que vos no sos quién para venir aquí![...] No se trata de eso, sea mujer o sea lo que sea, ya que está lastimada, lo menos que podemos hacer es hacerla curar. Me ha tratao de todo[...] terminamos peleando [...] Yo a esta mujer me la llevo sí o sí y vos sabrás lo que vas a hacer. No te llevo preso, no querés ir no vas".30

Según su relato, don Benito se llevó la mujer a la Comisaría. Poco después, en venganza, el hombre lo esperó en un boliche y le pegó tres tiros en la espalda. Don Benito alcanzó a darle un tiro y su victimario escapó herido.

 Volviendo a las leyes libertarias, comentario aparte merece la ley:

"[...] reconociendo a favor de todo el personal docente de las escuelas de la provincia los derechos de inamovilidad, de dote y de jubilación".31

Medidas importantes, pero la última se concretaría un cuarto de siglo después, durante el gobierno peronista.

Castellanos, con "férvido alborozo", ordenó la publicación de veinte mil ejemplares de las Leyes Libertarias y de su gestión gubernativa sin recordar el alto índice de analfabetos existentes en la población a la que estaban destinados. ¿Quiénes leerían su libro-documento que consta de 936 páginas?

El paquete de leyes del gobernador-poeta puso al descubierto la feroz resistencia de la oposición y del propio partido a las catalogadas como peligrosas innovaciones políticas. Ante la firmeza de Castellanos, la oligarquía pasó de la resistencia a la sedición. El 25 de febrero de 1921 el mandatario denunció ante el ministro del Interior de la Nación un complot: a) asalto a la Casa de Gobierno, para obligarlo a renunciar y, si se negaba, asesinarlo; b) asalto al Banco provincial para robar fondos y pagar a delincuentes ejecutores del plan magnicida; c) intento de sublevar a los presos y así tomar la policía y d) complicidad del jefe interino de la Guarnición militar local que, -¡oh casualidad!- era ahijado del presidente Yrigoyen.

Ante el fracaso del complot sedicioso, se inició el juicio político al Ejecutivo provincial y todos, al unísono, clamaron por la Intervención federal. Esta llegó en 1921 para destituir al gobernador más progresista de aquellos años.

Sus leyes de avanzada eran inviables en el contexto histórico pues atacaban al corazón del sistema y a los intereses de los sectores dominantes. Salta estaba conformada por una sociedad dolorosamente esquizofrénica, sin conexión entre el discurso y la realidad. Esto hacía imposible el afianzamiento y predominio de leyes e instituciones políticas de cuño modernizante y democrático.

Don Felipe Eduardo recuerda al poeta con admiración y cariño:

Pregunta: ¿Cómo recuerda usted la figura de Castellanos?

Felipe: ¡Ah!... Los radicales no eran solidarios entre ellos ¿no?... Siempre se peleaban, estaban divididos. Castellanos fue el primer gobernador radical que ha tenio Salta. Pero como era un intelectual, dueño absoluto de sus actos, no era hombre manejable. Yrigoyen era un caudillo acostumbrao a mandar y manejar todo. Cuando ha venío Castellanos, el primer tiempo andaba bien. Pero cuando desde Buenos Aires han empezao a imponerle condiciones, Castellanos ha empezao a oponer resistencia. Entonces le han mandao la intervención. Lo tenían acorralao al pobre hombre.

Pregunta: ¿Ud. lo conoció personalmente?

Felipe: Yo sabía vivir en la calle San Luis, esquina Florida y en la calle Alberdi, cerca de mi casa, había un caserón que Castellanos alquiló para vivir ahí ¿no?... Y para hacer el trayecto cotidiano hasta la Casa de Gobierno, que quedaba en la Legislatura, como era rengo y andaba con una muleta, se las arreglaba para subir al caballo y así, iba a la Casa de Gobierno. En los días de fiesta, se quedaba en su casa y le gustaba repartir caramelos a los chicos del vecindario.32

La lucha de Castellanos por modernizar el Estado provincial fue sólo una burbuja que se desvaneció frente al encono de sus pares y la pasividad de los que se hubieran beneficiado con los cambios. Al poeta se le podría aplicar la reflexión del viejo y sabio Maquiavelo:

"[...] si le son contrarios los grandes debe temer, no sólo de verse abandonado sino también atacado y destruido por ellos, que teniendo más previsión y más astucia que el pueblo emplean bien el tiempo en luchar contra él”.33

Sus errores, su caótica formación teórica, no impiden admirarlo como político idealista y como creador. Por ello cerramos el capítulo con estas líneas:

"Don Joaquín olvidó que en Salta ya se había fundado la perrera para eliminar a todo can en libertad y "le dieron duro con un palo y duro". No hay nada que moleste tanto a sus coterráneos como su cabeza tempestuosa, culpable de no conformarse y de amenazar la paz social de la salteñidad. Es una cabeza llena de visiones y delirios, propicia al infinito. Una rueda loca donde se refugia el sueño.

Era un aristócrata y se puso del lado del pueblo, ocupó altos cargos y murió pobre y jamás fue un hipócrita. Todo en él es un canto a las pulsiones, romanticismo puro.

¿De dónde le venía ese desasosiego íntimo que lo hacía vagar de aquí para allá? Tal vez de su niñez de huérfano. Su espíritu vivió dividido entre la acción y el pensamiento, entre la realidad y el sueño, mezclándolos y confundiéndolos. Pero nunca fue un desencantado, pese a su fracaso y su soledad".34

Notas del capítulo 3

1       (1921) Documento Oficial. " Gobierno del Dr. Joaquín Castellanos. Memoria del Ministerio de Gobierno a la H. Legislatura de la Provincia". Salta. Imprenta Pascual y Baleirón de las Llanas. Pág. 916.

2       Historia de Vida de doña Sara Adela. Ver anexo. Nº de orden 2

3       Transcribimos el "Credo Nacionalista", página oratoria de Castellanos, pocas veces recordada: [...] "Contesto afirmativamente con toda la fuerza de una convicción en que se armoniza mi credo nacionalista con los ideales más avanzados del socialismo [...] Creo en la Madre Patria y en su Hijo el Pueblo Argentino, que fue concebido en el seno de la virgen naturaleza americana, por obra y gracia del Espíritu Santo de la Libertad; que padeció bajo el poder de los Pilatos, que fue crucificado, descendió a los infiernos de la tribulación y la ignorancia, y resucitó para subir a los cielos de la civilización. Creo en nuestra Santa Madre Iglesia republicana, democrática y federativa; creo en los castigos de los pecados contra la Patria; creo en la comunión con los Santos de su historia militar y civil; en la resurrección de lo que fue carne de sus tradiciones y de sus necesarias rebeldías; y creo en su vida y en su gloria perdurable. ¡Amén!". Véase Album del Archivo de la familia Castellanos o documento anterior Pág. 751.

4       (1921) Diario "El Cívico Intransigente" Salta, 3 de julio.

5       (1919) Diario "Nueva Época." Salta.

6       (1919) Diario "Nueva Época" Salta.

7       (1919) Diario "Nueva Época". Salta.

8       (1921) Publicación Oficial Memoria de Gobierno del Dr. Joaquín Castellanos, obra citada P. 916.

9       (1921) Publicación Oficial. Documento citado. Pág. 812.

10     (1919) Diario "Nueva Época". Salta.

11     (1921) Documento Oficial anteriormente citado. Pág. 588.

12     (1921) Idem anterior P. 588.

13     (1921) Idem Pp. 603 / 739

14     (1921) Idem. P. 750.

15     (1921). Idem P. 385

16     (1921) Idem. P. 603.

17     (1921) Idem P. 385.

18     (1921) Idem P. 744.

19     (1961) Frías, Bernardo, El Teniente Coronel don José María Valdez, apodado el Barbarucho, fue jefe de la vanguardia del ejército durante la quinta invasión realista que tomara Salta por sorpresa causando la muerte del General Güemes en junio de 1821. Según el historiador Bernardo Frías, "[...] el militar español era tan brusco y tan bárbaro que muchas veces, después de cometidas sus torpezas [...] se le oía exclamar con dura franqueza [...] ¡que barbarucho soy! quedándole para siempre como apodo esta calificación apropiadísima que él mismo se daba." "Historia del General Güemes". Salta Rómulo D'uva. Tomo V P. 326

20     (1921) Documento Oficial Memorias de Gobierno de Castellanos. Obra citada. P. 750.

21     (1921) Idem anterior. P. 649.

22     Idem P 769.

23     Idem. P. 595.

24     Idem P. 605

25     Idem P. 595.

26     Idem P. 725

27     (2001) Diálogo con doña Juana.

28     (2001) Historia de vida de doña Lucrecia. Anexo Nº 3.

29     (1998) Historia de vida de doña Ceferina. Anexo. Nº 4.

30     (2000) Historia de vida de don Benito. Anexo. Nº 5.

31     (1984) Cornejo, Atilio "Historia de Salta (1862-1930)". Boletín Nº 37. Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Salta. Artes Gráficas) P. 239.

32     (1999) Historia de Vida de don Felipe Eduardo. Anexo Nª 1

33     (1933) Maquiavelo, Nicolás "El Príncipe". Comentado por Napoleón Bonaparte. Madrid. Ediciones Ibéricas. P. 306.

34     (2001) "A don Joaquín, con su muleta alada". Nota de Raquel Adet. Inédita.

 

 

CAPÍTULO 4
Economía: aspectos generales