Juan Manuel de los Ríos |
Por Andrés Mendieta

Don Juan Manuel de los Ríos, salteño, nacido en esta ciudad el 3 de setiembre de 1894, fue un caballero cristiano, de noble estirpe, historiador, investigador, hombre de exquisita cultura, quien mantuvo con plenitud sus vocaciones y alcanzó a derramar con generosidad sus conocimientos e impulsar a la juventud en la búsqueda de superiores, consubstanciado con los valores de la argentinidad.
Era robusto de físico como en su talento y en su capacidad. Recio de carácter y con corazón de niño; valiente, generoso, clásico y romántico; sociable y amigo fidelísimo de sus amigos. Con orgullo puedo contarles -pese a la diferencia de los años que nos separaban- me deleitaba conversar por espacio mucho tiempo y asimilar sus sapiencias
Al decir noble de estirpe Don Juan Manuel era hijo de Miguel de los Ríos y de Asunción Usandivaras. Entre sus antepasados figuran, entre otros, Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba y Santa Fe; como así, del coronel Ángel Mariano Zerda, de las milicias de Martín Miguel de Güemes. después de egresar como bachiller en el Colegio Nacional inició sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires, abandonando la carrera por razones de falta de vocación.
El doctor Luis Oscar Colmenares cuenta que "estuve en comunicación diaria con don Juan Manuel durante tres años, desde 1948 a 1950, cuando ambos cursábamos estudios en el Instituto de Humanidades que fundara el primer arzobispo de Salta Monseñor Roberto José Tavella. Pese a que tenía de más de 50 años, no titubeó en el Ciclo Básico de Humanidades que dictaba la Universidad Nacional de Tucumán, simultáneamente en la vecina ciudad y en Salta. En esta última merced a un convenio con el Arzobispado”. "Era alentador observar a este hombre maduro, tratando de aprender el idioma del Lacio, con el objeto de perfeccionar sus conocimientos históricos. Siguió el curso durante tres años más. Participó del Cenáculo que fundamos a instancias del sacerdote salesiano Arsenio Seage, en el cual disertó sobre Martín Miguel de Güemes, presentándonos una ajustada imagen del prócer"
En 1950, al conmemorarse la gesta sanmartiniana, en oportunidad del centenario del fallecimiento del Héroe de los Andes, el Instituto de Humanidades organizó un certamen sobre "San Martín Humanista" e invitó a participar a todos los universitarios que quisieran hacerlo. El primer premio lo obtuvo el docto literato argentino doctor Emilio Carilla, quien era uno de los prestigiosos profesores de la Universidad Nacional de Tucumán que concurría periódicamente a dictar cursillos en el Instituto. El segundo premio le correspondió a Juan Manuel delos Ríos. Sus conocimientos sobre Sanmartín y su madurez le permitieron con quien eran sus profesores.
Mientras ejercía la dirección del Archivo Histórico de Salta -organismo por el fundado en 1940- y como profesor del Historia en el Colegio Nacional se incorporó como miembro del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta y años después su entusiasmo por difundir la vida y obra del General D. Martín Miguel de Güemes con un grupo de amigos fundó el Instituto Güemesiano de Salta, entidad que hoy tengo la responsabilidad de dirigir. Este apasionado investigador, alineado en la naciente escuela historiográfica denominada "revisionista" fue autor de numerosos trabajos históricos, monografías y ensayos, entre otras tareas, los que han sido publicados en numerosos libros y publicaciones en el ámbito nacional
Cabe destacar que es digno de mencionar, entre otros títulos, los siguientes: "Repercusiones de la Guerra de la Independencia en el pensamiento de los Constituyentes salteños en el Congreso de 1826; "El Plan de San Martín y Güemes, El noroeste argentino en la política internacional", "Repercusiones de la muerte de Güemes en las campañas de San Martín"; "La época de Güemes"; "Un affaire histórico". Su notoriedad como historiador traspasó los límites de la provincia ya que fue invitado a concurrir de diversos Congresos Históricos, figurando entre ellos el Congreso Federalita de la Historia (1940), donde se recordó el 90º aniversario de la constitución de 1853 donde se lució con su trabajo sobre la personalidad de los diputados constituyentes por Salta Facundo de Zuviría y Rudesindo Alvarado. También hizo su aporte historiográfico en jornadas científicas llevadas a cabo en Tucumán, Mendoza y Santiago del Estero
Al concluir este digno homenaje a Don Juan Manuel de los Ríos, quiero destacar que sus familiares intérpretes del espíritu exquisito de quien estamos honrando hicieron entrega una parte de su documentación tanto al Archivo Histórico de Salta como al Museo de la Ciudad "Casa de Hernández" no como un desprendimiento sino como un florecimiento de la cultura, de las ciencias, de las artes de nuestro pasado.
Mientras él, don Juan Manuel de los Ríos, desde el pedestal de una soledad incomprendida en el tiempo, tiene aún el brazo extendido y firme. Con el índice que señala los derroteros de la grandeza de su pueblo, por la firmeza de sus principios y la fuerza creadora de sus hombres.
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LA PROFUSA LABOR HISTÓRICA DE JUAN MANUEL DE LOS RÍOS (*)
Por Carlos María Romero Sosa
I) SECRETARIO DE LA COMISIÓN DE LÍMITES DE SALTA
Salta, con 155.488 kilómetros cuadrados, una extensión geográfica que le permite tener fronteras internacionales con Chile, Bolivia y Paraguay y límites con las provincias de Jujuy, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán, no es extraño que haya sostenido conflictos territoriales varios, internacionales e interprovinciales. Así, por ejemplificar con hechos más o menos ventilados en épocas no muy lejanas bien que con añejos antecedentes, en 1933 el ingeniero Alfonso Peralta, Director General de Obras Públicas de Salta, dio a conocer en publicación oficial del Ministerio de Gobierno a cargo del doctor Ernesto Aráoz en la gobernación de Joaquín Corbalán, su “Contribución al Estudio Histórico de los Límites de la Provincia de Salta”. El trabajo consta de 75 páginas epilogado con dos mapas y estudia el disputado caso de la boliviana Tarija.
El ingeniero Peralta argumentó sobre la procedencia salteña de ese Departamento de Bolivia incluso con fundamento en bibliografía de historiadores del país del altiplano, como ser Ricardo Jaimes Freyre en su “Historia del Descubrimiento del Tucumán” donde puede leerse: “de los territorios como “Orán, Iruya, Santa Victoria , etc, y el territorio situado al Norte de las juntas de San Antonio entre el Río Bermejo por el Oeste y los Ríos Grande de Tarija e Itaú por el Este, que actualmente se encuentran bajo la jurisdicción de Bolivia”
Continuaba el funcionario salteño la senda trazada sobre el particular por Bernardo Frías en el “Informe y comprobantes sobre límites”, citado por el senador Carlos Serrey en su relación dirigida al presidente de la Comisión de Límites Interprovinciales, doctor Guillermo Rothe en 30 de abril de 1938 . Sin olvidar lo tratado en las últimas décadas del siglo XIX, por Juan Martín Leguizamón en sus artículos publicados en el salteño diario Democracia en 1872. Por Casiano J. Goytia con sus notas periodísticas –también aparecidas en Democracia ese mismo año de 1872- bajo el título: “Jurisdicción Histórica de Salta sobre Tarija”. Y por Mariano Zorreguieta con sus “Apuntes Históricos de la Provincia de Salta en la época del Coloniaje”, igualmente de 1872. Todos ellos se hallan reunidos en la obra “Límites con Bolivia” (1872) publicación ordenada por el Gobierno Provincial siendo presidente de la Honorable Cámara Legislativa en ejercicio del Poder Ejecutivo Moisés Oliva, más tarde gobernador constitucional en el período 1879-1881.
Viene lo dicho en razón que el tema de los límites de la Provincia, incluso con su hermana Jujuy desde 1834 autónoma de Salta, dio lugar a disputas en este caso interprovinciales. Y da cuenta de una no menor el opúsculo de 56 páginas del historiador salteño Juan Manuel de los Ríos intitulado: “Un Affaire Histórico y su repercusión en estos días” (Salta, 1962).
Juan Manuel de los Ríos Usandivaras, nacido el 3 de septiembre de 1894 y fallecido el 14 de julio de 1986 , lo escribió en su condición de Secretario de la Comisión de Límites de Salta, sistematizando gran número de datos en aval de lo aportado en otro folleto denominado “Compendio”, compuesto conjuntamente por el antedicho ingeniero Alfonso Peralta y el agrimensor Napoleón Martearena, el primero a la sazón presidente de la Comisión de Límites de Salta. Con todo ese material, aquel y estos, intentaron poner un punto final al añejo conflicto suscitado por los herederos de Zegada que pretendían avanzar sus terrenos en la banda oriental del río San Francisco, el afluente más caudaloso del Bermejo, invocando una merced concedida en 1770 por el Gobernador Andrés Mestre.
A esos trabajos, el de Juan Manuel de los Ríos y el previo conjunto de Alfonso Peralta y Napoleón Martiarena, los anteceden el tomo de 207 fojas, en palabras de de los Ríos: “nutrido de documentos y de gráficos, en el que desordenadamente y por el apremio del momento, tuvimos que darlo a la prensa con apuro y con algunos errores, pero con el informe general de la Comisión de aquel momento.”
Incluso a ese inicial tomo le siguió un segundo, de 369 folios en cuya confección actuó igualmente que en el anterior don Juan Manuel.
En cuanto a “El Affaire Histórico y su repercusión en nuestros días”, es un alegado que replica lo informado por el Instituto Geográfico Miliar -creado en 1879 como Oficina Topográfica Militar y puesto entonces a cargo del Teniente Coronel Manuel J. Olascoaga y desde 2009 Instituto Geográfico Nacional- y al laudo favorable a Jujuy emanado por ese organismo oficial, para 1947 bajo la dirección –entre 1945 y 1950- del General de División Ingeniero Otto Helbling. Muy oportunamente apareció la obra breve pero enjundiosa de Juan Manuel de los Ríos el año en que el Congreso Nacional debía expedirse sobre el pleito entablado entre ambos estados del NOA en lo referido a la Zona I .
Lo más curioso y valiente es que en las páginas de “El Affaire Histórico y su repercusión en nuestros días”, Juan Manuel de los Ríos involucró nada menos que al industrial Miguel Miranda, quien fuera Presidente del Banco Central de la República Argentina durante la primera época del peronismo y hasta 1947. El motivo del señalamiento no era otro que admitir que Miranda estuvo interesado en aquellos tiempos –los años cuarenta da la pasada centuria- en una extensa propiedad denominada El Palmar con miras a instalar allí un ingenio azucarero.
Juan Manuel de los Rios, rosista, nacionalista, uno de los más notorios historiadores revisionistas salteños e identificado desde el comienzo con la política social y de soberanía económica que propugnaba el justicialismo, es decir alguien carente de prejuicios “gorilas”, fiel a su ideario antiliberal recalcó al historiar la disputa por la “vexata quaestio” oranense, que en la segunda mitad del siglo XVIII se inicia en América una corrupción moral y materialista, como repercusión de la filosofía enciclopedista en boga; desprendiendo de ello que a partir de 1824 “se inician también, aunque con cautela, las pretensiones expansivas de Jujuy.”
A renglón seguido historió que ya el Teniente Gobernador Mendía, de Orán, dirigió oficio en octubre de 1825 al Gobernador y Capitán General de la Provincia, General Juan Antonio Álvarez de Arenales, afirmando que “desde que la Banda de San Francisco fue poblada por este vecindario se ha conocido en su todo por esta jurisdicción”. Trascribió a renglón seguido la denuncia de Mendía sobre “algunos avances y deslices de los jueces de Jujuy.” Incluso nuestro autor se remontó a las Leyes de Indias donde puede leerse en el Libro V, Título I, Ley I, lo siguiente: “Ningún descubridor entre a poblar en el distrito de otro”; y en Libro IV, Título I, Ley 13: “Que ningún Gobernador haga entradas ni rescates en otra gobernación.”
Lo que da actualidad a la cuestión a remontar por lo menos a 1824, es que la atención a la zona en litigio con el consiguiente desplazamiento de terceros pobladores en provecho del industrial peronista Miranda, avalado por el laudo del Instituto Geográfico Militar de 1947, se trasmitió peligrosamente a otros intereses y así lo marcó con valiente perspectiva Manuel de los Ríos en su folleto: nada menos que a Ledesma Sugar Comp. Al denunciarlo con todas las letras en 1962, faltaban décadas para que el nombre del ingenio Ledesma quedara tristemente salpicado al igual que el de su directivo, el fallecido empresario Carlos Pedro Blaquier, con fundadas sospechas de participación en la represión ilegal de la última dictadura cívico-militar.
Pero Alfonso Peralta y Juan Manuel de los Ríos continuaron sin tregua visibilizando la cuestión y en 1966 suscribieron otro informe publicado en forma oficial: “Cuestión de límites entre Salta y Jujuy ZONA I. NUEVO INFORME de la Comisión de Estudios de Límites Interprovinciales. La Línea “Helbling frente a los intereses de la Nación y a los de Salta y Jujuy”
Las nuevas generaciones, desde los grados iniciales de la escuela primaria, deberían conocer y honrar los desvelos de tan señeras figuras dirigidos a defender la integridad territorial de la Provincia de Salta.
II) SUS ENFOQUES GUEMESIANOS Y SOBRE EL PERÍODO DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL
Sin embargo, la labor investigativa de Juan Manuel de los Ríos no se agotó en esta importante cuestión. Fue en todos los ámbitos de sus estudios un prolífico y minucioso historiógrafo que supo tomar partido, siempre con bases documentales, por causas nacionales y populares. Su visión güemesiana le dictó reivindicar al que juzgó como “revisionismo” de Bernardo Frías. Lo entendió así porque en la “Historia de Güemes y de Salta”, aunque antecedida por análisis racistas tributarios del positivismo decimonónico en el primer volumen, Frías además de desgranar la gesta popular del Héroe Gaucho, a la que Juan Carlos Dávalos bautizaría como “La Tierra en Armas”, una epopeya que en general poco ocupó a los historiadores del siglo XIX a excepción tal vez de Vicente Fidel López, también destacó la importancia del General José Gervasio de Artigas, disminuido prócer de real proyección americana del que se ocupó en el tomo IV. Mientas que en el capítulo XLIII del tomo V, admitió Frías sin disimulos que el odio a Güemes de la “gente decente” se debió a que “Nada hay que ofenda tanto a los hombres ni deje resentimientos más hondos y permanentes que un continuado ataque a su fortuna particular.” Versión salteñizada de la expresión “las gélidas aguas del cálculo egoísta” que incorporó Carlos Marx al “Manifiesto Comunista” de 1848.
En 1940 Manuel de los Ríos participó en el Primer Congreso Federalista de la Historia Argentina, realizado en Santa Fe del 13 al 16 de noviembre de 1940, al que asistieron entre otros José María Rosa, Carlos Ibarguren, Federico Ibarguren, Raúl A. Ruiz y Ruiz, Ricardo Font Ezcurra, Guillermo Lasserre Mármol, Rodolfo Borzone, Rafael Padilla Borbón, Ramón de Castro Estéves, Dolores Lucía Amable, Manuel M. Cervera y Faustino Infante. Lo hizo él con la ponencia: histórico-sociológica: “El federalismo argentino más que una cuestión regional encarna todo un problema del campo frente a la indiferencia y prepotencia de las ciudades”.
Poco después, Manuel Vizoso Gorostiaga, promovió en nombre de la Academia Americana de la Historia y del Instituto de Estudios Federalistas, la realización en Salta del Segundo Congreso Federalista de la Historia Argentina que se sepa nunca llevado a cabo; solicitando a tal fin del Gobierno Provincial que aceptó oficializar el encuentro, la designación para las secretarías de Juan Manuel de los Ríos, Federico Ibarguren y Carlos Gregorio Romero Sosa.
Décadas más tarde, en 1968, dio a conocer en folleto de 38 páginas: “Güemes: Leyenda y Realidad”, versión revisada y corregida de una disertación que pronunció en la Dirección de Turismo y Cultura de la ciudad de Salta, el 16 de junio de 1966. En los números 16/17 de la revista Jauja dirigida por el Padre Leonardo Castellani, con el alfónimo F.I., el colaborador permanente de la publicación Federico Ibarguren, suscribió un elogioso comentario bibliográfico a ese aporte del salteño donde puso de resalto: “Revisionista veraz de nuestras guerras por la Independencia y la Organización Nacional, don Juan Manuel de los Ríos –aparte de otros títulos que prestigian su “curricum vitae”- fue fundador del Archivo y Biblioteca Históricos de la provincia de Salta y tuvo a su cargo la dirección de ese importante repositorio de documentos fundamentales al servicio de los especialistas (que él organizó con criterio científico) desde el año 1939 hasta el día que obtuvo su jubilación como jefe administrativo de la repartición de referencia.”
En el libro “Por la verdad histórica ” reeditado luego de la muerte del líder político e intelectual uruguayo Luís Alberto de Herrera (1873-1959), muestra éste su gratitud: “al sesudo autor de “La Coalición del Norte vista desde Salta, historiador y amigo doctor Juan Manuel de los Ríos, su valiosa contribución al esclarecimiento de nobles verdades (como la que) valientemente proclama: “Si nuestra tesis fuera la misma que nos han inculcado desde chicos en la escuela o en el hogar y que se ha adentrado por ello en el espíritu de todos, no tendríamos ahora necesidad de traer ninguna prueba. El caso actual es muy distinto: damos forma a una reacción contra toda una corriente y todo un aprendizaje de varias generaciones.”
Naturalmente su biografía y parte de su bibliografía aparecen en el diccionario de Vicente Osvaldo Cutolo: “Historiadores Argentinos y Americanos” , donde más allá de estar errado el año de su nacimiento que no sería 1895 sino 1894 , se destacan con detalle sus labores como periodista, docente de desempeño en el Colegio Nacional de Salta y otros establecimientos secundarios a partir de 1947 y su papel como fundador y jefe del Archivo Histórico de Salta. Además la reseña de Cutolo presente en el diccionario de historiadores y cultores de ciencias conexas como la arqueología, el folklore, la genealogía, etcétera, enumeró otras actividades culturales suyas como la pertenencia al Instituto de Investigaciones Históricas San Felipe y Santiago y al Instituto Belgraniano de Salta. Entre sus obras se citan: “La formación espiritual y humanista e San Martín” (1950), “Los gobernadores argentinos frente a la Expedición Libertadora de San Martín al Perú” (1952), “El Noroeste Argentino en la Política Internacional. Ensayo Histórico” (1954), “Güemes y su época” (1961) y entre sus artículos: “La Coalición del Norte vista desde Salta” publicado en 1940, en el número 5 de la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y “Un hombre ejemplar: Cristian Nelson”, en Norte Salta de 21 de agosto de 1947. Una emocionada nota necrológica escrita justo al cierre de la redacción del medio que la dio a conocer, en homenaje a su amigo y maestro el geólogo y antropólogo dinamarqués radicado en Salta en las primeras décadas del siglo XX y fallecido allí el 20 de agosto de 1947, creador entre otros logros culturales y científicos del Museo Provincial de Fomento .
Tal vez al presente la biografía más completa del historiador aquí enfocado se encuentra en la página 378 del “Diccionario Cultural del Norte Argentino” de Eduardo Ceballos, quien mucho lo trató y concurrió a las exequias fúnebres de quien fuera Vicepresidente del Instituto Güemesiano de Salta durante el período 17-06-1981 al 17-06-1983. Cabe recordar que en dicho entierro despidió sus restos mortales el Licenciado Luís Oscar Colmenares.

III) LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS
Un dato proporcionado por el joven historiador bonaerense, profesor Eduardo Fusero, anoticia que en fecha relativamente reciente, Enrique Díaz Araujo en su obra sobre Facundo de Zuviría lo menciona al detallar los sangrientos momentos cuando los unitarios volvieron a la escena iniciando la llamada “Guerra Grande” con la Coalición del Norte. Dice Díaz Araujo: “Veamos cual fue la conducta de Facundo de Zuviría. Ella ha sido perfectamente estudiada por el historiador salteño Juan Manuel de los Ríos”.
Al crearse por Decreto Nro, 5042 de 17 de junio de 1972, suscripto por el Gobernador Ricardo J. Spangenberg, el INSTITUTO GUEMESIAN DE SALTA y en su órbita la Academia Güemesiana, fueron designados oficialmente los iniciales miembros académicos de número: Profesora María Teresa Cadena de Hessling, Licenciado Luis Oscar Colmenares, Escribano Américo Cornejo, Doctor Atilio Cornejo, Profesora Olga Chiericotti, Señor Juan Manuel de los Ríos, Reverendo Padre Profesor Benito Pistoia, Profesor Carlos Gregorio Romero Sosa, Señor Miguel Solá e Ingeniero Rafael P. Sosa.
Por otra parte y resuelto por el Consejo Directivo del mismo -a cargo de Luis Oscar Colmenares y Atilio Cornejo- la publicación de un Boletín, en el número inaugural apareció el trabajo de Juan Manuel de los Ríos: “Derivación final de la muerte de Güemes” . Reiteró allí su posición expuesta en las Jornadas de 1972 que como veremos tantas objeciones despertó en la ocasión: “Nuestra tesis es, como ya lo insinuamos al principio, que el fracaso imprevisible de la expedición auxiliadora del sud, por disolución del ejército comandado por el General Güemes (muerto en plena guerra), significó para San Martín un vacío que no pudo llenar nunca y que, finalmente, será el punto clave de las discusiones de Guayaquil.”
IV) HISTORIADOR Y POLEMISTA
Sin embargo no fueron todos aplausos para su labor que abrió brechas al enunciar teorías originales e interpretar documentos de forma controvertida por muchos estudiosos aferrados a la historiografía liberal. De allí que intervino en más de una polémica nunca por él rehusada con algún par. Por ejemplo y a continuación de la lectura de su trabajo: “Güemes, Paladín de América” en las Jornadas de Estudios sobre Güemes, efectuadas en la ciudad de Salta durante los días 15, 16 y 17 de junio de 1971, al cumplirse el sesquicentenario del fallecimiento del prócer, fue su presentación agriamente rebatida por historiadores de Tucumán y Jujuy como Roberto Zavalía Matienzo y Emilio Bidondo. También por participantes de Buenos Aires dado que Juan Manuel de los Ríos no se privó de criticar al porteño Juan Martín de Pueyrredón, ni al caudillo tucumano Bernabé Araóz, ni a los integrantes salteños de la llamada “Patria Nueva”, los Ilustrados o los “Libertinos Eruditos” locales, sin obviar las actitudes duales de los jujeños Sánchez de Bustamente o Mariano Gordaliza. Asimismo identificó el federalismo de Güemes “con voluntad centrípeta de integración nacional o americana, fundado en el principio grande de unión en una Confederación (con sentimientos idénticos a los que sostuvo Artigas en 1813 y 1816)”. Y como broche de oro transcribió en su ponencia la güemesiana “Proclama a los Pueblos Interiores”, como se denominaba a las provincias Altoperuanas, donde puede leerse: “La Independencia o la Muerte es la causa del Honor. No lo dudéis u instante, generosos peruanos y amados compañeros. En toso los ángulos de la tierra no se oye más voz que el grito unísono de la venganza y el extermino de nuestros liberticidas. Si estos son los sentimientos generales que nos animan, con cuánta más razón lo serán cuando, restablecida muy en breve la dinastía de los Incas, veamos sentado en el trono y antigua corte del Cuzco al legítimo sucesor de la Corona”. Una cita que mal debe haber caído a cierto o ciertos porteños presentes, sin duda herederos de los prejuicios étnicos de Tomás Manuel de Anchorena y su mofa a la idea monárquica de San Martín y Belgrano, por citar los términos del firmante del Acta de la Independencia, del “rey color chocolate que habría que buscarlo en una chichería”.
Y qué decir de las objeciones del ponente a la política -que también fulminó Bernardo Frías- del porteño y porteñista Juan Martín de Pueyrredón: “El (Güemes) pensó, en dos oportunidades poder terminar la guerra, en 1817 y 1818, pero le faltó la colaboración de Belgrano y Pueyrredón.” Fue su conclusión.

V) LA PREOCUPACIÓN POR EL PATRIMONIO HISTÓRICO LOCAL Y LOS MUSEOS SALTEÑOS EN ALGUNA CORRESPONDENCIA CON CARLOS GEGORIO ROMERO SOSA
La correspondencia entre ambos es muy extensa, en especial a partir de 1940 y resulta demostrativa del afecto mutuo, las muestras comunes de generosidad y el respeto intelectual existente entre los dos. A valorar especialmente en el caso de don Juan Manuel de los Ríos, figura notoria en la cultura historiográfica nacional, veintiséis años mayor que su colega en ciernes aunque ya de trayectoria reconocida en el país. Un joven de apenas 26 años para aquel mes de mayo de 1943 cuando recibió con la carta fechada el día 30 por de los Ríos: “un trabajo sin pretensiones, muy corto, aunque el mismo involucra una interpretación de fondo sobre el pensamiento de Zuviría, que nadie se atrevió antes a exponerlo y comentarlo. Es posible que pronto le haga algunos agregados y se publique en el Boletín del Instituto, para donde me la pide Atilio . Le envío también recorte con el informe que elevé al gobierno, en el cual hago referencia a su trabajo . Le ruego si tiene alguna copia me la haga llegar, pues en Santa Fe no pude conocerlo, aunque supe que era importante y que contenía muchos documentos. Ahora pasando a otra cosa, he visto que lo ha designado la Comisión de Museos y Monumentos Históricos para que se venga a Salta a organizar el Museo Histórico de esta. Celebro mucho y deseo animarlo a que no se desanime de esta obra patriótica y que sería de gran trascendencia para esta ciudad, como centro de turismo y de estudio de nuestra tradición. Me ofrezco a Ud. para cooperar en cualquier forma de esta labor, si Ud. creyera que pudiera serle útil en la misma. He conocido los museos de Santa Fe, Rosario y Paraná y he venido también con mucha cuerda para que en Salta se haga algo semejante.
Aguardando sus estimadas noticias, me complazco en saludar a Ud., mi buen amigo, con el afecto de siempre. Juan Manuel de los Ríos.”
La organización del Museo del Cabildo aludida ocurrió sí, entre internas y zancadillas a Carlos Gregorio Romero Sosa incluso de parte de allegados suyos; pequeñeces propias de la zoología política provinciana que él, a poco, quiso olvidar y respetando su voluntad no cabe aquí reavivar. Algún día se escribirá la historia completa de la creación del Museo del Cabildo de Salta con la compulsa de nuevos elementos originales en nuestro poder. Algo ya fue bastante anticipado con espíritu justiciero y profusa documentación por la Licenciada Teresita del Milagro Gutiérrez en su libro: “Un Museo testigo de la historia de Salta”, primera edición 1023 .
Transcurrió casi un quinquenio desde la antedicha comunicación epistolar del 30 de mayo de 1943, a la que siguieron varios otros envíos postales centrados en la temática propiamente histórica con cambios de pareceres por ejemplo sobre el General Felipe Varela, caudillo al que por la versión escuchada desde la niñez a su abuelo, el varias veces presidente del Senado local y gobernador interino Salustiano Sosa Carrillo, que luchó en las trincheras junto a su padre y hermanos contra las huestes de Varela en la invasión a Salta el 10 de octubre de 1867, se dio a sumar Romero sus críticas al principio, hasta ir modificando la opinión y elogiar el americanismo y el federalismo del “Quijote de los Andes”. Asimismo hay en las cartas alusiones a personalidades valiosas locales como Cristian Nelson, Carlos Serrey, Atilio Cornejo o Monseñor Miguel Ángel Vergara, cuando no a personajes ya pintorescos, ya engreídos de su conseguido prestigio social o ya hábiles para encaramarse en cargos públicos. Unos, los de excelencia, y otros, los prepotentes, resignados a coexistir entre inquinas en su “Pago Chico” (Roberto Payró dixit).
El 29 de abril de 1947 en papel oficial del Archivo Histórico de la Provincia que dirigía desde su creación Juan Manuel de los Ríos, le dirigió a la Biblioteca de la Secretaría de Trabajo y Previsión fundada y a cargo por concurso de Romero Sosa, la siguiente comunicación, sin duda elaborada al conocer el Decreto 10.615/47, de 21 de abril de 1947 suscripto por el Presidente Perón y refrendado por Belisario Gache Pirán, Ministro de Justicia e Instrucción Pública. Autorizaba la norma a la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos “a fundar en el antiguo Cabildo de Salta un museo que se denominará Museo Histórico del Norte”:
“Mi apreciado colega y amigo:
Hace cuatro días que Ud. regresó a esa y ya tengo un motivo para escribirle estas líneas. En los diarios de hoy aparece una noticia telegráfica que dice: La Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos a sido autorizada, a su solicitud (de Romero Sosa), a fundar en el antiguo Cabildo de Salta un Museo que se denominará Museo Histórico del Norte. Nadie mejor que Ud. está en condiciones de hablar y de conocer en sus detalles el propósito de los mismos, ya que Ud. comprenderá perfectamente el interés que tengo yo en estos momentos relacionados con cualquier novedad relacionada con este asunto. Si bien recuerdo que ese proyecto fue una antigua idea suya, desearía conocer su opinión actual sobre lo mismo, y le agradecería su valioso informe, lo más amplio que le sea posible. Mientras tanto, reciba mi amigo el saludo afectuoso de Juan Manuel de los Ríos.
Casi de inmediato, el 5 de mayo del mismo 1947 le respondió Romero Sosa quien entre otros pasajes le reveló cuestiones que hacen hoy a la historia viva y poco conocida de lo que fueron sus desvelos y sus frustraciones por el naciente Museo del Cabildo:
Mi apreciado amigo y colega:
Acabo de recibir su amable comunicación del 29 del corriente, cuya entrega fue demorada en Mesa de Entradas, debido a los días feriados. Con referencia al nuevo Museo, solo puedo decirle que sé tanto como Ud. Desde los episodios tan desagradables producidos hace justamente un año, cuando se me sacó en forma tan extraña del Museo que venía formando pieza por pieza, nada más he sabido ni he querido saber sobre ese organismo, a no ser como colaboración amistosa para Ud. en quien aspiro a ver pronto al nuevo Director del Museo Histórico que Salta necesita y con siempre colaboraré, como amigo y colega. Dentro del plan del Museo Nacional (que no fue descartado), se cedió el Cabildo con carácter precario para instalar al Museo Provincial; pero, ya Levene, expresó oficialmente que se crearía el Museo Nacional. A mi entender creo que el Museo de Salta debe ser nacional y estar dirigido por Ud. No es posible que existan dos museos de historia en Salta. Entiendo, pues, que debe hacerse el Museo del Norte en el Cabildo; pero eso, sí, sin destruir el Museo Salteño, que por el contrario debe incorporarse a aquel, como la parte más importante del mismo. Todo esto, claro está, independiente del Archivo, que debe ser Provincial y siempre tenerlo a Ud. como Jefe. En otras circunstancias yo habría gestionado la nueva Dirección del Museo Nacional, que creo me corresponde sin jactancia. Pero como no quiero ir allá a pelearme con la gente, me llamo a cuarteles de invierno, pues estoy bastante decepcionado de Salta y solo tengo allí unos pocos y buenos amigos como Ud. a los que quiero conservar siempre. Si alguna vez vuelvo a Salta, no será al Museo. He sufrido mucho moralmente y no deseo otras complicaciones. En vez pasada, hablando de otras cosas, me vi con el Coronel Imbert y me habló él del proyecto del Museo Nacional, lo que, como siempre, me pareció muy bien. Esto, claro está, en base a la nacionalización del Museo que yo hice, pues no creo ni veo posibilidades para hacer un nuevo Museo. Como Ud. verá se han complicado las cosas por no haberse hecho lo que se dispuso en tiempo oportuno. Si entonces se hubiera dado cumplimiento a la Ley Serrey, ahora tendríamos un buen Museo y yo lo habría llevado a Ud. a mi lado, con un cargo nacional seguro, del mismo modo que había tratado de llevar a Salta un grupo de gente de estudio (arqueólogos, folkloristas, escritores, etc) que mucho había hecho por la cultura del medio. Mi idea ha sido siempre la misma: el Museo Nacional que la Provincia no puede hacer por falta de recursos y por las luchas de la política y la intriga lugareña. Fui a Salta a hacer un Museo Provincial de la nada, con miras a nacionalizarlo, para convertirlo en el Museo que la Ley ordenaba y que Salta debía reclamar. Cuando estaba en esa obra (la material, de crear el Museo y la espiritual, de lograr su nacionalización, esto último contando con la voluntad excelente del ex Ministro de Gobierno doctor Rodolfo M. López, y del General Urdapilleta), me sacaron como rata por tirante…y me calumniaron, acusándome de loco rematado. ¿Ahora, qué más puedo hacer, entonces? Como amigo suyo –insisto- expondré mis ideas al Coronel Imbert, no bien me sea posible verlo. Le prometo tenerlo al corriente y hasta creo que Ud. debería venir a Buenos Aires. Hable de todo esto con Atilio Cornejo y con el doctor Díaz Villalba. Yo creo que ha llegado el momento de salvar al Museo del Cabildo, que haba de perderse en caso de que se lo saque de allí. Por hoy es todo cuanto puedo decirle. Espero sus noticias y le envío un abrazo. Carlos Gregorio Romero Sosa.
A comienzos de 1948, el 15 de enero, volvió a escribir Juan Manuel de los Ríos a Carlos Gregorio Romero Sosa, esta vez luego de hacerse público en un suelto del diario La Nación, la noticia que la casa de los Uriburu en Salta se destinó a Museo y Biblioteca.
Con ese motivo le comenta y le pide averiguar más sobre el particular:
Estimado Carlos
Oportunamente recibí su carta de fecha 26 de diciembre, que recién contesto por haber salido unos días al campo. Le adjunto la ficha para A.D.E.A. y le agradezco su interés por el particular, como también los datos que me proporciona. Restituyo su cordial saludo de año nuevo y le auguro desde ya, nuevos éxitos literarios para 1948. En el último número de Nativa, he tenido el gusto de leer varias cosas suyas en prosa y verso. Si Ud. tuviera tiempo, le agradecería quiera averiguar el alcance que tiene el decreto cuyo recorte acompaño, publicado en La Nación del 10 de enero. Tengo carta del doctor José E. Uriburu de hace quince días en la que me dice que él y su hermana han aceptado que en esa casa se traslade también el Archivo Histórico, por lo que me interesa saber lo que piensa o proyecta el Ministerio. Si el pensamiento fuera instalar allí conjuntamente un Museo Nacional, comprenderá Ud. la importancia del dato. Supongo que el decreto tendrá en vista algún plan y algún presupuesto, en cuyo caso me podría interesar personalmente. Me agregó el doctor Uriburu que esperaban un decreto con el destino de la casa para recién hacer la escritura pública de cesión.. Es probable que a eso responda el decreto, pero siempre es interesante saber el pensamiento del Ministerio y de la Comisión de Museos y Monumentos, sobre el cumplimento de aquel decreto. Lo vi a su papá , que está muy bien. Hoy justamente hablé con él. Reciba mi buen amigo, un afectuoso saludo de su invariable amigo, Juan Manuel de los Ríos.
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Al presente, cuando tantos turistas visitan y en general de paso obligado, el Museo del Cabildo y la Casa de Uriburu, bautizada como “Museo Pte. José Evaristo Uriburu”, no deja de ser tentador y sugestivo echar una mirada hacia décadas atrás. Justamente para reflotar lo que fue la “cocina” de esos organismos públicos de neta finalidad cultural. Y volver la vista a los tiempos cuando tales instituciones y hasta sus sedes, entre dificultades presupuestarias, opuestos puntos de vista museológicos y de otra índole -es decir sin cortapisas: de tironeos políticos-, se hallaban en gestación, proceso de enriquecimiento o riesgo de posible dispersión y hasta de destrucción de su acerbo.
En ese sentido la correspondencia trascripta puede dar una rápida idea de los empeños, afanes y esfuerzos para que uno y otro museo cumplieran con la misión de ser imperecederos reservorios culturales de la Historia y la Tradición de Salta.
(*) Se publicó en La Gauchita . Año XXXIII. Edición Nros. 274, 275, 276. Tomo XXXV, junio 2026.-
Carlos Serrey: “En el Parlamento y fuera de él”, segunda parte. Miscelánea. Páginas 154/68. Editor El Ateneo. Buenos Aires, 1946.-
Hombre de múltiples inquietudes culturales y humanísticas, Juan Manuel de los Ríos comenzó a estudiar latín cuando contaba alrededor de cincuenta años de edad, en el Instituto de Humanidades creado por el Arzobispo de Salta, Monseñor Roberto J. Tavella, institución que fue génesis de la Universidad Católica de Salta. Ha recordado su amigo y colega Luis Oscar Colmenares que luego de cursar tres años el idioma del Lacio, continuó afianzando sus conocimientos en la materia con el sacerdote salesiano español radicado en Salta R.P. Arsenio Seaje.-
Editorial Cruz y Fierro. Buenos Aires, (Abril-Mayo de 1968).-
Luis Alberto de Herrera: “Por la verdad histórica”. Ed. Cámara de Representantes. Tomo II, página 408.-
En una correspondencia manuscrita fechada en Salta el 22 de agosto de 1947 y dirigida por el profesor Policarpo Romero a su hijo Carlos Gregorio Romero Sosa, residente en la ciudad de Buenos Aires, donde le dio noticias del fallecimiento “dos días atrás de dos amigos que hemos lamentado: el Coronel Rafael Ángel Solá y don Cristian Nelson”, el remitente le detalló a continuación que de inmediato concurrió al velatorio de Nelson, advirtiendo la pronta llegada al lugar de Juan Manuel de los Ríos. Confr: Carlos María Romero Sosa: “Pablo Policarpo Romero de la Corte (1883-1886) Un latinista en la Salta de la segunda mitad del siglo XIX y Cristian Nelson (1867-1947) Un científico en la Salta de la primera mitad del siglo XX”. Página 64. PROsA Editores. Buenos Aires, 2025.-
Edición de la Universidad Nacional de Salta. Salta, 2022.-
Enrique Díaz Araujo: “Hombres olvidados de la Organización Nacional. Facundo de Zuviría”. Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNC. Mendoza, 1991.-
Boletín del Instituto Güemesiano de Salta. Número 1. Páginas 85/119. Salta, 1977.-
Se refiere al Boletín del Instituto San Felipe y Santiago y al doctor Atilio Cornejo.-
Seguramente se trata del trabajo de Romero Sosa: “Relaciones políticas entre Salta y Santa Fe durante la administración del Brigadier Estanislao López”, presentado en las Jornadas de Estudios Históricos sobre el Brigadier General Estanislao López en el Primer Centenario de su Muerte 1838-15 de junio-1938. Tomo II. Santa Fe, 1941.-
Editorial Juana Manuela.-
Carlos María Romero Sosa: “Salustiano Sosa. Un político salteño de mediados del siglo XIX y su actuación justiciera y progresista como funcionario y legislador”. PROsA Ediciones. Buenos Aires, 2022.-
Sigla de la a poco fundada Asociación de Escritores Argentinos, de ideario nacionalista y en franca oposición a la SADE “gorila”. Allí en primera fila junto a Arturo Cancela, Arturo Jauretche, Manuel Gálvez o Ramón Doll, actuaba Carlos Gregorio Romero Sosa, para ese tiempo próximo al peronismo del que después se apartó sobre todo cuando se suscitó el conflicto con la Iglesia Católica.-
El profesor Policarpo Romero.-
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Biografía de la Academia Güemesiana
Nació en Salta, el 3 de septiembre de 1894. Después de egresar como bachiller en el Colegio Nacional inició estudios universitarios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires, abandonando la carrera por “falta de vocación”.
El profesor Luis Oscar Colmenares cuenta que “estuve en comunicación diaria con don Juan Manuel durante tres años, desde 1948 a 1950, cuando ambos cursábamos estudios en el Instituto de Humanidades que fundara el primer arzobispo de Salta Monseñor Roberto José Tavella. Pese a que tenía de más de 50 años, no titubeó en el Ciclo Básico de Humanidades que dictaba la Universidad Nacional de Tucumán, simultáneamente en la vecina ciudad y en Salta. En esta última merced a un convenio con el Arzobispado”.
“Era alentador observar a este hombre maduro, tratando de aprender el idioma del Lacio, con el objeto de perfeccionar sus conocimientos históricos. Siguió el curso durante tres años más. Participó del Cenáculo que fundamos a instancias del sacerdote salesiano Arsenio Seage, en el cual disertó sobre Martín Miguel de Güemes, presentándonos una ajustada imagen del prócer”.
En 1950, al conmemorarse la gesta sanmartiniana, en oportunidad del centenario del fallecimiento del Héroe de los Andes, el Instituto de Humanidades organizó un certamen sobre “San Martín Humanista” e invitó a participar a todos los universitarios que quisieran hacerlo. El primer premio lo obtuvo el docto literato argentino doctor Emilio Carilla, quien era uno de los prestigiosos profesores de la Universidad Nacional de Tucumán que concurría periódicamente a dictar cursillos en el Instituto. El segundo premio le correspondió a Juan Manuel delos Ríos. Sus conocimientos sobre Sanmartín y su madurez le permitieron con quien eran sus profesores.
Mientras ejercía la dirección del Archivo Histórico de Salta, cuya estructura institucional comenzó a construir en el año 1940, siendo profesor del Historia en el Colegio Nacional, se incorporó como miembro del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta.
En 1972, por su interés por difundir la vida y obra del General Martín Miguel de Güemes, con un grupo de amigos sentó las bases del Instituto Güemesiano de Salta. De Juan Manuel de los Ríos, dice Andrés Mendieta: “Este apasionado investigador, alineado en la naciente escuela historiográfica denominada “revisionista” fue autor de numerosos trabajos históricos, monografías y ensayos, entre otras tareas, los que han sido publicados en numerosos libros y publicaciones en el ámbito nacional”.
En revistas especializadas y libros publicó: “Repercusiones de la Guerra de la Independencia en el pensamiento de los Constituyentes salteños en el Congreso de 1826; “El Plan de San Martín y Güemes, El Noroeste argentino en la política internacional”, “Repercusiones de la muerte de Güemes en las campañas de San Martín”; “La época de Güemes”; “Un affaire histórico”.
Participó en diversos Congresos Históricos, figurando entre ellos el Congreso Federalista de la Historia (1940), donde se recordó el 90º aniversario de la Constitución Nacional de 1853 donde se lució con su trabajo sobre la personalidad de los diputados constituyentes por Salta Facundo de Zuviría y Rudecindo Alvarado. Aportó sus investigaciones en jornadas de historia realizadas en Tucumán, Mendoza y Santiago del Estero. En junio de 1971, en las jornadas de conmemoración del 150º aniversario de la muerte de Güemes, protagonizó un intenso debate sobre Güemes con el historiador tucumano Ramón Leoni Pinto.
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